TIROTEO EN UNA ESCUELA

El fiscal reconstruye el ataque en la escuela de San Cristóbal

En la mañana del lunes, un alumno de 15 años ingresó armado con una escopeta a la Escuela N° 40 Mariano Moreno de San Cristóbal, en Santa Fe, y abrió fuego en el baño del establecimiento. El ataque, que duró apenas segundos pero se extendió por diferentes sectores del colegio, terminó con la vida de Ian Cabrera, de 13 años, y provocó heridas de perdigones en al menos otros dos estudiantes

San Cristóbal amaneció este lunes envuelto en un dolor profundo que todavía no termina de asimilarse. La rutina escolar de la Escuela N° 40 Mariano Moreno se quebró de forma brutal cuando un estudiante de 15 años, identificado con las iniciales G. C., decidió llevar a cabo un ataque que las autoridades describen como excepcional por su violencia y por haber ocurrido dentro de un establecimiento educativo. El fiscal regional Carlos Vottero, a cargo de la investigación, reconstruyó los hechos con precisión milimétrica gracias al trabajo de la Policía Científica, que analizó la escena y el trayecto completo del agresor. Nada de lo que se dijo en las primeras horas —como que el arma viajaba en un estuche de guitarra— se confirmó; la escopeta calibre 12/70, perteneciente al abuelo del joven, había sido escondida en su mochila escolar junto con un cinturón portacartuchos.



Todo comenzó en el baño del colegio. El adolescente entró al establecimiento como cualquier otro día, se dirigió al baño y allí, en un espacio reducido donde ya había al menos tres alumnos, ensambló el arma de dos caños superpuestos. Una vez lista, disparó el primer cartucho. La dispersión de los perdigones alcanzó a tres personas. Entre ellas estaba Ian Cabrera, de 13 años, quien resultó herido de gravedad. El chico intentó huir y alcanzó a recorrer apenas tres o cuatro metros fuera del baño. Fue entonces cuando el agresor disparó por segunda vez y le quitó la vida.

Sin detenerse, el joven recargó el arma —un proceso que requiere cambiar el cartucho cada dos disparos— y se asomó a un ventanal que daba al patio externo. Desde allí soltó otros dos tiros. Nadie más resultó herido en esa zona, aunque el pánico se apoderó de los estudiantes y docentes que corrían buscando refugio. El fiscal destacó que el ataque no fue un acto impulsivo en un solo lugar, sino una secuencia que se desplegó en pocos segundos a través de distintos puntos del edificio.

El desenlace llegó mientras el agresor intentaba recargar nuevamente. Un trabajador de mantenimiento y portero de la escuela, Fabio Barreto, aprovechó ese instante de vulnerabilidad para abalanzarse sobre él. El adolescente lo apuntó, pero no alcanzó a gatillar. No opuso resistencia. Fue reducido en el lugar y quedó bajo custodia hasta la llegada de las fuerzas de seguridad. Su declaración y la del personal escolar coinciden plenamente con la reconstrucción forense.

La investigación avanza a paso firme. Vottero descartó en las primeras 24 horas varios rumores que circularon en redes y confirmó que no existen antecedentes similares recientes en Santa Fe ni a nivel nacional —el caso más próximo en la memoria colectiva sigue siendo el de Carmen de Patagones, ocurrido hace más de dos décadas—. Aunque no se ha establecido aún un móvil oficial, un video que circula desde ayer y que forma parte de la causa muestra al agresor en el aula, con la cabeza baja, mientras otros alumnos lo filmaban y le pateaban la silla. Compañeros lo describen como un chico “tranquilo” que nunca había manifestado problemas de conducta en el sistema educativo. Algunos testimonios de alumnos hablan de que, una vez desarmado, el joven se rio y repetía que quería “matar a toda la escuela”, pero esas expresiones todavía se analizan en el marco de la pesquisa.

Por tratarse de un menor de 15 años, la ley vigente lo considera no punible. La imputabilidad penal a los 14 años entrará en vigor recién en septiembre, por lo que no se aplicarán medidas privativas de libertad ni prisión preventiva. En cambio, se dispusieron medidas socioeducativas de protección. Tras una audiencia, el adolescente fue trasladado a un centro especializado para menores en conflicto con la ley, donde permanecerá bajo supervisión de su madre hasta la audiencia de atribución de cargos prevista para el viernes. El fiscal solicitó además medidas de resguardo tanto para las víctimas y sus familias como para el propio agresor y su entorno, e indicó que ni el joven ni su familia regresarán a San Cristóbal.

La comunidad educativa y los vecinos de San Cristóbal viven horas de conmoción y duelo. Este martes se espera el acompañamiento masivo al sepelio de Ian Cabrera, un chico que, como tantos otros, llegó a la escuela ese lunes con la única expectativa de terminar la semana. Mientras tanto, las autoridades provinciales desplegaron un operativo interministerial para asistir a las familias y al personal del colegio. El horror de lo ocurrido en la Mariano Moreno deja preguntas abiertas sobre la prevención de la violencia entre adolescentes, pero por ahora prevalece el silencio de una ciudad que intenta, con dificultad, volver a la normalidad.


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