PATRIMONIO CULTURAL

Apuntalan la Confitería del Molino para evitar riesgo de derrumbe

Se están realizando trabajos especiales en los tres subsuelos que estuvieron inundados durante 20 años; se reemplazan también perfiles de hierro de las ocho plantas del inmueble.


Para evitar riesgo de derrumbes en algunos sectores, un equipo de ingenieros de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) trabaja en el apuntalamiento definitivo del Edificio Del Molino. Los expertos están abocados a consolidar las estructuras metálicas de los tres subsuelos que estuvieron inundados con 350.000 litros de agua durante dos décadas. Estas tareas se realizan tras controlar el estado de cada uno de los centenarios perfiles de hierro de las ocho plantas del inmueble de 7500 metros cuadrados. Por seguridad, fue necesario reemplazar 280 metros lineales de perfiles oxidados, cuyo peso total es de 5800 kilos.
 
"Cuando empezamos a trabajar nos dimos cuenta de que la situación era mucho peor de lo que se creía. El deterioro de las columnas de hierro no soportaba la carga de la construcción, con lo cual había peligro de desmoronamientos parciales", reveló a La Nación Alfredo González, coordinador del equipo de 20 ingenieros de la UNLP que inspeccionan el lugar según tres especialidades: estructuras metálicas, mampostería y hormigón.
 
Si bien para los especialistas el riesgo de que ocurrieran pequeños derrumbes existió, desde el Plan Rector para la Restauración Integral del Edificio Del Molino (RIEM), se aclaró que "la estructura completa nunca estuvo en riesgo de colapso; ningún informe técnico expone esto". Luego de que la Cámara de Diputados tomara posesión en 2018 del inmueble se realizó un minucioso análisis de las estructuras e intervenciones para reforzarlas y actualizarlas.
 
El objetivo fue crear condiciones de seguridad conservando la mayor cantidad de componentes originales. Esto se debió a que el emblemático edificio estuvo en ruinas y abandonado desde 1997 hasta que se hizo cargo el Congreso de acuerdo con la ley de expropiación de 2014.
 
En esta segunda etapa se trabajó en la consolidación definitiva de los refuerzos estructurales de todo el edificio. En los tres subsuelos, la superficie intervenida es de 1000 metros cuadrados. Y se restauran 405 metros cuadrados de bovedilla del techo del primer subsuelo, reemplazando los ladrillos por chapa, para evitar desprendimientos. González y su equipo evalúan los materiales, primero se efectúa un agujero en la mampostería hasta llegar al metal. Luego, por ultrasonido, se determina qué espesor conserva el hierro según su nivel de oxidación, lo cual indica que carga pude soportar.
 
"Esos análisis dieron como resultado que el 70 por ciento de los perfiles colocados a principios de 1900 debían ser intervenidos. Algunos fueron reemplazados, otros reparados. El mal estado de los perfiles se debe a que el hierro cubierto de hormigón se ensancha con la oxidación, con lo cual termina quebrando el material que lo recubre", explicaron los ingenieros.
 
Leandro Villanueva, del RIEM, explicó que en el tercer subsuelo trabajaron buzos tácticos que realizaron la primera etapa de apuntalamiento preventivo subacuático. Luego se sacó el agua de manera paulatina hasta rellenarlo con escombros y cascotes de la misma obra. El lugar era utilizado como depósito de combustible. En el segundo subsuelo estaban las cisternas, la sala de máquinas y de mantenimiento.
 
Una de las tareas más complejas se realizó en el primer subsuelo, donde funcionaba la panadería. "Allí hay 4 columnas que reciben carga de los otros pisos y sostienen la cúpula. Debíamos cerciorarnos que estuvieran bien apoyadas. Ahora lo están", agregaron los ingenieros. Allí se confeccionaba pastelería y productos de confitería. El sector padeció filtraciones provocadas por los baldes con agua y lavandina con que se limpiaba la confitería de planta baja. Estas filtraciones llegaban incluso al tercer subsuelo.
 
Aún se aprecian allí los azulejos originales blancos, llamados Subway New York, y los antiguos hornos que serán exhibidos en un museo que se creará en el edificio y que dará cuenta de la historia del inmueble.
 
El Edificio Del Molino, que conserva valiosos materiales traídos de Europa, tiene una confitería y un salón de fiestas, parcialmente restaurados y abiertos al público en determinadas fechas. En los niveles superiores hubo departamentos, cuyo destino luego de restaurados es incierto.
 
La confitería será concesionada. Los adjudicatarios deberán terminar de poner en valor el salón y ofrecer un menú similar al de que se brindaba. En estos momentos se elaboran los pliegos que deberán ser aprobados por la comisión bicameral encargada del seguimiento de las obras que se conformará este año. Además deberán contar con la supervisión de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos ya que el inmueble es monumento histórico nacional.
 
En cuanto a los subsuelos, en el primero tiene proyectado crear un centro de atención gastronómico, y en el segundo un lugar de servicios y de guardado, de tanques de incendio, y de cámaras de electricidad.
 
Si bien la fachada del edificio se escondió detrás de lonetas oscuras durante décadas, desde el 9 de diciembre, se realizó una intervención artística sobre una nueva y colorida malla que lo envuelve. La tela muestra un dibujo que representaría la fachada del edificio histórico tal como era a principios del siglo pasado.
 
 
 


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