SESIÓN ORDINARIA

Con fuertes críticas de todo el arco opositor, el oficialismo aprobó la Ley de Patrocinio

A partir de ahora, empresas privadas podrán financiar actividades y obras públicas a cambio de publicidad. La oposición lo definió como un “retroceso” y advirtió que “están planteando que los fondos que el Estado no va a poner para mantener escuelas, ciencia, salud, entre otros, los va a tener que poner una empresa”.



“No queremos que Monsanto patrocine nuestra carrera de Biología ni que Calcaterra ponga su publicidad en las obras de la Ciudad”. “Le vamos a regalar a las empresas privadas el carácter ideológico de las actividades culturales de la Ciudad”. “Es un retroceso importante en el manejo público de la Ciudad”. Con fuertes cuestionamientos desde distintos espacios opositores, el oficialismo porteño logró aprobar –con 31 votos a favor y 24 en contra- la polémica Ley de Patrocinio, que implica que empresas privadas podrán financiar actividades y obras públicas a cambio de publicidad.

En un contexto de crisis económica y ajuste, Vamos Juntos propuso y logró la aprobación de un proyecto que no tardó en generar críticas: el Régimen de Patrocinio, a través del cual personas humanas o jurídicas de carácter privado podrán financiar diversas actividades realizadas por el Gobierno de la Ciudad, a cambio de la difusión y publicidad de su marca.

Tanto el GEN como Unidad Ciudadana, la izquierda, Mejor Ciudad y el Bloque Peronista se opusieron a la medida, que hasta fue rechazada por Evolución.

“Los sectores privados se tienen que transformar en aliados estratégicos”, planteó Al el vicepresidente primero del bloque Vamos Juntos, Maximiliano Ferraro, en defensa de la iniciativa. Por fuera del bloque oficialista, sólo hubo rechazo. 

“No queremos que Monsanto patrocine nuestra carrera de Biología ni que Calcaterra ponga su publicidad en las obras de la Ciudad”, dijo Laura Marrone, del FIT, según consignó el portal Parlamentario. Por su parte Gabriel Solano, del Partido Obrero, alertó que “están planteando que los fondos que el Estado no va a poner para mantener las escuelas, la ciencia, la salud, los monumentos históricos, entre otros, lo va a tener que poner una empresa”. Y remató: “Este proyecto es el peor de todos, no tiene ningún tipo de límites, le vamos a regalar a las empresas privadas el carácter ideológico de las actividades culturales de la Ciudad”.

Desde Unidad Ciudadana, el legislador Javier Andrade señaló que “todo esto del patrocinio surge en la época de Margaret Tatcher y encima lo quieren aplicar en una época de ajuste en materia de educación y salud; una vez que se hace efectivo ese desfinanciamiento, aparece esta idea de financiamiento”.

“¿Cuánto vale la publicidad en el Obelisco?”, se preguntó Sergio Abrevaya, del GEN, y resaltó que “el que hace publicidad con el Estado es porque le conviene”. El socialista Roy Cortina definió la aprobación como “un retroceso importante en el manejo público de la Ciudad”.

Por parte de Evolución, el espacio que responde a Martín Lousteau, el radical Marcelo Guouman consideró que “es una buena idea mal implementada” y que “así como está redactada, la ley le otorga poder de discreción al funcionario y al empresario disminuyendo la capacidad de control y planificación del Estado porteño”.

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