REGISTRO CIVIL

En 2018 cuatro de cada diez bebés fueron inscriptos con el apellido de la madre

El 37% lleva también el del papá y el 7%, sólo el de la mujer. Crecen los pedidos para sumar el apellido materno a chicos que no lo tienen.


En los registros civiles dan cuenta de varios cambios relacionados a los apellidos. Hay madres solteras. Hay madres que eligen poner sólo sus apellidos, aunque haya un padre. Hay madres que ponen su apellido junto al del padre. Y en los casamientos -cada vez menos frecuentes- ninguna mujer adiciona ya el apellido de su marido. El posesivo “de” está prácticamente en desuso.
 
Las estadísticas del Registro Civil porteño dicen que cuatro de cada diez bebés que se inscriben en la ciudad llevan los apellidos de su madre y su padre. En 2018 fueron 21.787, el 37,24 por ciento de los 59.587 nacidos: 21.806 llevan primero el apellido del padre, y 644 primero el apellido de la madre. En 2016 y 2017 los bebés anotados con los dos apellidos fueron el 33 por ciento. Por otra parte, 4.218 (el 7,08% de los nacidos) sólo tiene apellido materno, y 293 (0,49%) también sólo tienen apellido materno aun habiendo un padre.
 
Además, durante 2018 fueron 465 madres las que adicionaron su apellido a sus hijos e hijas en la Ciudad de Buenos Aires. En la provincia fueron 279 y hay 320 pedidos en trámite.
 
Para Mariano Cordeiro, director del Registro Civil y Capacidad de las Personas que depende del Ministerio de Gobierno porteño, estos cambios "reflejan una tendencia saludable hacia la paridad. Hace unos años, la idea de agregar el apellido de la madre no existía, solamente se usaba el apellido del padre. Esta posibilidad, acentuada por la reforma del Código Civil, que permitió que se lleve el primer apellido del padre y el primer apellido de la madre en el orden que ellos quieran refleja un cambio de costumbre en esta tradición y para mí es una evolución saludable. Incluso creo que no será estático, sino que va a continuar. Y si bien ahora es mayor el porcentaje que pone el apellido del padre y luego el de la madre, producto de esta misma evolución hacia la paridad en el transcurso de los años será igualada", explica a Clarín.
 
“Antes no se podía agregar un apellido en cualquier momento. O se lo ponía cuando nacía el bebé, o la persona tenía que esperar a ser mayor de edad. Teníamos una ley patriarcal, pero todo cambió con el nuevo Código Civil”, manifiesta a Clarín Marisa Herrera, abogada, investigadora del Conicet.
 
Padre y madre pueden poner a sus hijos los dos apellidos, en el orden que decidan, y si no se ponen de acuerdo, va a sorteo. “El derecho a la identidad en Argentina es muy fuerte por los desaparecidos. Hoy, por ejemplo, un chico adoptado puede optar por conservar el apellido de su familia de origen. Y a partir de los 13 años puede pedir adicionar el apellido de su madre. Y si quiere sacarse el del padre también lo puede hacer, con una acción judicial en la que se tiene que demostrar un ‘justo motivo’”, aclara Herrera.
 
“Había una tradición de mantener el apellido paterno, tener el hijo varón para que continúe el apellido, claramente con una visión patriarcal que no tiene sentido porque en una sociedad igualitaria los dos apellidos valen igual. En Argentina nunca estuvo presente el apellido de la madre. Y que ahora se esté empezando a poner es un indicador de ese modelo patriarcal que buscaba seguir el linaje con el nombre, porque la perpetuación del linaje se da con el apellido. Además de las madres, también hay niños y niñas que hoy están decidiendo ellos mismos usar el apellido de sus madres, eso marca un buen grado de libertad”, declara a Clarín Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora social.
 
“La ley de matrimonio igualitario y la posibilidad de la filiación de dos madres o dos padres también ayudó a modificar esta percepción de por qué el apellido tiene que ser el del padre. Empezó a desmoronarse la idea del pater familia en la práctica. Las propias parejas reivindican el apellido de las madres. Y muchas veces los hijos lo hacen, cuando no los tienen inscripto porque son de otra época, aunque sean milennials, y ellos mismos quieren incluirse los apellidos maternos. Son rasgos de los géneros en movimiento, de las familias en transformación. Las nuevas formas de filiación y los nuevos contratos de parejas dejan en claro que cada persona es importante y que los nombres y las identidades también son importantes”, agrega Eleonor Faur, doctora en Ciencias Sociales.
 
“El tema de los apellidos habla de mujeres que hemos pasado de tener como identidad principal ser esposas ‘de’ y ser madres ‘de’ a ser sujetas. En el apellido de casadas hay un proceso de individualición que acompaña los años de la modernidad y los más recientes, en los que cada sujeto es en sí mismo un fin y un sujeto de derechos. El uso del apellido de casada anticipado por un ‘de’ muestra una idea de identidad femenina asociada principalmente al matrimonio, a la idea de la mujer como un sujeto indisoluble de su posición familiar como esposa de un señor. En este proceso de individualición y mayor educación y participación laboral la mujer ha tenido otras formas de incluirnos a lo público que no dependen del matrimonio”, explica Faur.


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