BASTA DE TRAVESTICIDIO Y TRANSFEMICIDIOS

“El Estado no genera herramientas para tener cifras reales de nuestras muertes”

Sobran las campañas institucionales en el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ pero a seis años de sancionada la Ley de Identidad de Género el Estado argentino aún no tiene cifras oficiales que diagnostiquen la situación actual del colectivo.

En el 2012, el Estado argentino sancionó la Ley de Identidad de Género que permite que las personas trans, travestis, transexuales y transgéneros sean inscritas en sus documentos personales con el nombre y el género con el que se autoperciben, es decir, que sienten y eligen.

Se trata de la primera ley de identidad de género del mundo que no patologiza la condición trans. “Yo soy un poco pesimista”, aseguró a Nueva Ciudad la comunicadora y activista travesti Florencia Guimaraes y agregó: “Tenemos una ley que es revolucionaria, magnífica pero los datos siguen siendo alarmantes”.

Según relató Guimaraes: “El 90% de nosotras sigue estando en situación de prostitución porque no hay otros trabajos. En el censo La Revolución de las Mariposas se mostró que hubo pocos cambios desde la sanción de ley de identidad de género al día de hoy”. En la Ciudad de Buenos Aires el proyecto de cupo laboral trans fue presentado pero se encuentra sin tratamiento alguno.

Además de denunciar los crímenes de odio, el colectio travesti-trans acuñó un nuevo concepto: el travesticidio social. En una entrevista con el medio Marcha, Guimaraes una de las impulsoras del término definió: “La idea de travesticidio social se refiere a que las muertes de travestis no sólo se dan en contextos de violencia directa, sino también en otros contextos como en el caso de Lohana Berkins que fue víctima de un travesticidio social, ya que fue víctima del sistema. Ella a los 13 años tuvo que salir de su casa y ser víctima del sistema prostituyente, pasó por un montón de aberraciones, como violaciones, abusos, se enfermó con las enfermedades de la pobreza, totalmente evitables, víctima de un sistema que no nos acepta y nos expulsa a una vida en la calle, ella es una más de la estadística, sólo el 1% llega a los 60 años, nuestra expectativa de vida es de 35 años”.

“No nos quedamos solamente en travesticidio como crímenes de odio por identidad de género sino que hablamos de un travesticidio social o un genocidio travesti trans”,
indicó. En ese sentido, Guimaraes remarcó que en nuestro país la expectativa de vida promedio es de más de 80 años.“Estamos hablando de un sector de esa población marginado que es la comunidad travesti-tras que tiene una expectativa que no supera los 35 años de edad”, resaltó.

“El Estado no genera herramientas para tener cifras reales de nuestras muertes, siguen invisibilizando a este colectivo, no tener cifras es una manera de seguir naturalizando nuestras muertes tempranas. La gente no se pregunta por qué las travas se mueren tempranamente, ni siquiera lo saben el común de la sociedad”, denunció.

En lo que va de este año tenemos ya registradas, lamentablemente por las redes sociales, 41 compañeras muertas y también lo que tenemos que decir es que ha bajado la expectativa de vida que era hasta los 35 años. Nos dimos cuenta que estos últimos dos años y sobre todo este último, que todas estas compañeras fallecidas, que son muertes evitables, la mayoría no llegaba a los 30 años de edad. Así que estamos en esta situación”, concluyó.

Hoy a las 18 en Plaza de Mayo se realizará la tercera marcha de “Basta de Travesticidios y Transfemicidio”, que suma como demanda también la derogación del artículo 68 de los códigos contravencionales que persiguen y criminalizan al colectivo.

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