COMUNA 14

Villa Freud en Palermo dejó de ser un polo de psicoanalistas

El entorno de la plaza Güemes, conocida como Villa Freud en el barrio de Palermo, dejó de ser un polo de psicoanalistas, hoy los profesionales atienden en todos los barrios.


A fines de los 80 los consultorios de los psicólogos se multiplicaban en la ciudad, los analistas se concentraron entre las avenidas Santa Fe y Coronel Díaz y las calles Soler y Jerónimo Salguero, como si alrededor de la plaza Güemes constituyeran una república propia. Esas manzanas de Palermo fueron bautizadas "Villa Freud".
 
Ahora la situación cambió, cada vez menos profesionales trabajan en esa pequeña comarca. Se esparcieron. La ciudad con la relación de psicólogos por habitante más alta del mundo -uno cada 64 habitantes- ahora tiene analistas en todos los barrios. Belgrano pasó a ser uno de los favoritos.
 
El psicoanálisis llegó a Buenos Aires a principios de los años 40. La inauguración de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) fue una de las piedras fundacionales. "Esa zona era típica de la clase media intelectual, por eso se llenó de consultorios", dice a La Nación Claudia Borensztejn, actual presidenta de la APA. "Estar ahí era como una moda", aporta Modesto Alonso, psicólogo. Los psicoanalistas funcionaron como una cofradía que se estableció cerca de la plaza Güemes.
 
"Eran un grupo endógeno", suma a La Nación Mariano Plotkin, historiador y autor de ‘Freud y las pampas’. Los psicólogos también tenían sus cafés: uno, en la esquina de Salguero y Charcas, se llamaba Sigi (diminutivo de Sigmund) y al otro le pusieron Freud. Ambos bares ya cerraron.
 
"Era un sector repleto de consultorios, librerías, clínicas: allí se armó una especie de parque temático", cuenta a La Nación Lucía Rossi, vicedecana de la Facultad de Psicología de la UBA y profesora de Historia de la Psicología.
 
En algún momento conocida como plaza Freud, hoy la plaza Güemes es rodeada por una rotonda ovalada. Hay un mástil con una bandera argentina, juegos para niños, una decena de árboles. No hay rastros de Freud. En 2006, dos legisladores porteños presentaron un proyecto de ley para modificar el nombre de dos cuadras de la calle Medrano, aisladas del tramo principal, y llamarlas Freud. La idea no prosperó.
 
En Medrano y Salguero se encuentra el último bastión de lo que fue la zona. Julio Rosenberg está al frente de la farmacia Villa Freud desde 1987. "Por acá había una cantidad increíble de psicólogos", explica a La Nación, aunque no se lleva el crédito por el nombre: "Ya se llamaba así cuando la abrí: era el momento de furor". Pero los días de gloria pasaron: "Quedan psicólogos, pero no como antes".
 
La desconcentración de los discípulos de Freud y Lacan se explica por varios motivos. Por un lado, las clases populares de a poco accedieron a los tratamientos psicoterapéuticos y el servicio empezó a ser demandado en otros lugares. "Hay analistas en todos los barrios porteños", dice Rossi. "Ahora la gente no elige el analista por el nombre, sino que buscan alguien que viva cerca de su casa", aporta Borensztejn. La gran masificación de la carrera también influyó: según un informe publicado en noviembre de 2016, en Buenos Aires trabajan aproximadamente 48.000 profesionales.
 
La transformación urbana también influyó. Años atrás, cuando la práctica estaba menos regulada, los profesionales no habilitaban sus consultorios para trabajar. Ya no es así. "El 80% de los edificios de Villa Freud son viejos y, por ende, no aptos para profesionales", detalla a La Nación Horacio Berberian, socio de la inmobiliaria Shenk, quien admite que continúa ofreciendo la zona llamándola con la vieja denominación. "Hay pocos inmuebles con esas características y la oferta de departamentos para que trabajen los analistas bajó mucho", señala. Ahora eligen Belgrano: "Es por la extensión de la línea D, el Metrobus y la alta cantidad de construcciones nuevas". 

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