OPINIÓN

De la economía David Copperfield al conflicto de intereses de Schrödinger

En la economía David Copperfield que propone el gobierno de Cambiemos se debe aumentar la pobreza para bajarla, ajustar para invertir y subir los precios para eliminar la inflación. Como la curación por las gemas, es sólo cuestión de fe.

Sebastián Fernández

Termina otra semana trepidante en la que no tuvimos noticias de la lluvia de inversiones pero tampoco de la Pobreza Cero; es decir, una de cal y otra de arena. Además, según el ministro Dujovne, la recesión que para su predecesor Prat Gay no existía, “ha terminado”. Al parecer, se trató de una recesión corta o nanorecesión, que duró entre la renuncia de uno y el nombramiento del otro.

Luego de su viaje oficial a España, a donde fue a buscar inversiones y volvió cargado de promesas, Mauricio Macri criticó la marcha de la CGT prevista para el 7 de marzo argumentando que es inútil ya que “el país genera puestos de trabajo”. Es una noticia alentadora, sólo resta saber a qué país se refiere. Por otro lado, el presidente señaló que “los aumentos son necesarios para tener una economía sin inflación”. Ocurre que en la economía David Copperfield que propone el gobierno de Cambiemos se debe aumentar la pobreza para bajarla, ajustar para invertir y subir los precios para eliminar la inflación. Como la curación por las gemas, es sólo cuestión de fe.

Esta semana supimos que una serie de mails internos de la empresa Odebrecht vincula a Iecsa, la firma del primo presidencial Angelo Calcaterra, con el pago de sobornos a funcionarios del gobierno anterior. Mientras esperamos la opinión de Laurita Alonso, titular de la Oficina Anticorrupción, sobre si pagar coimas técnicamente es delito o sólo lo es recibirlas, nos preguntamos si contar con un Estado gobernado por sus contratistas no debería permitirnos eliminar esos fastidiosos “gastos de intermediación”. En efecto, al estar los interesados de los dos lados del mostrador esa clase de incentivos parece redundante.

Siguiendo los pasos del humorista Oscar Aguad con el acuerdo del Correo, el ministro Guillo Dietrich negó que haya conflictos de interés por las rutas adjudicadas a Avian, que adquirió el año pasado la empresa MacAir del Grupo Macri y mantuvo a su gerente, y Fly Bondi, cuyo fundador fue socio del Vicejefe de Gabinete. Quien sabe, tal vez Dietrich termine por descubrir, como su par del ministerio de Comunicaciones, que las decisiones políticas tienen consecuencias políticas.

Durante años, la crítica a Aerolíneas Argentinas se centró en que era una empresa deficitaria; pero hoy nos enteramos que, en realidad, su problema es que vende pasajes demasiado caros. Ese inconveniente se solucionaría con la apertura de los vuelos de cabotaje a las empresas low-cost impulsada por el gobierno. De esa forma, más gente podría viajar, aunque no sabemos en realidad de qué gente se trata ya que, como bien lo explicaron tanto el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, como nuestra vicepresidenta, Gabriela Michetti, “es una ilusión que el empleado medio pretenda viajar". En todo caso, replicaríamos con la línea aérea de bandera el éxito que conocimos en los ´90 con los ferrocarriles, privatizando los tramos más rentables y cerrando los que no lo eran. Ocurre que para el pensamiento reaccionario siempre estamos a una destrucción de empresa pública del Paraíso.

Para el Jefe de Gabinete Marcos Peña “no hay conflicto de intereses” mientras que para Nicolás Massot, jefe del bloque PRO en Diputados, "el conflicto de intereses es bastante esperable en un gobierno como el nuestro". Estaríamos así frente a un conflicto de intereses de Schrödinger, que está y a la vez no está. Más allá de este nuevo asombro cuántico, creemos que el joven Massot tiene razón: si el presidente tuviera que excusarse frente a cada nuevo conflicto de interés, tendría que dejar de gobernar. Y gobernaría su vice, lo que nos debería hacer reflexionar antes de lanzar una nueva denuncia.

Por su lado, el meteorólogo de inversiones Joaquín Morales Solá explicó que “la lluvia de dólares sólo ocurrirá después de octubre, si la sociedad argentina homologa la existencia de otra historia”. Es decir que la lluvia de inversiones que no vino cuando ganó Cambiemos, se frenaría si ahora pierde. Es una lógica contorsionista acorde a lo que escribió Martín Rodríguez sobre Cambiemos, que hizo campaña diciendo que "sí se puede" pero gobierna diciendo que "no se puede".

Podíamos vivir mejor, pero eso era antes.

Todo lo que quieran pero ya no le tenemos miedo al censista.  

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