- Sociedad
- 31.08.2026
Jorge Macri te vigila
Un relevamiento de Amnistía Internacional sobre la red de videovigilancia en el Congreso indica cómo el Gobierno porteño invirtió 50 millones de dólares en tener a sus ciudadanos bien controlados.
La libertad es la esclavitud.
La ignorancia es la fuerza.
Ministerio de la Verdad
(George Orwell, 1984)
Hace rato que la metáfora del Gran Hermano (ese ser soviético que vigilaba a los ciudadanos de la novela distópica de Orwell) quedó desvirtuada, entre reality shows que usaron ese nombre para farandulizar y mercantilizar el espionaje permanente y el vouyerismo, y un régimen de vigilancia con cámaras que el PRO impuso en CABA (y también en Vicente López) con saturación en algunas zonas de la Ciudad que fue insensibilizando progresivamente a la población. El único momento donde se abrió un debate fue cuando el juez Andrés Gallardo descubrió que se usaba la tecnología de reconocimiento facial a través de esas cámaras para hacer seguimientos ilegales a políticos, jueces, periodistas (cuando estaba pensado solo para prófugos). Nos debemos un debate sobre un sistema que, en el nombre de la seguridad, vulnera nuestra privacidad y nuestra libertad sin que nadie nos haya consultado nada. El Estado porteño te vigila.
En ese sentido, es iluminador el trabajo que hizo Amnistía Internacional de armar un mapa de las cámaras, sobre todo en la zona Congreso, y que fue publicado originalmente por Mauricio Caminos en Diario.Ar. Esto surge del informe “Estado de vigilancia: la expansión del uso de tecnologías de vigilancia masiva por el gobierno argentino”, que muestra que la zona principal de reclamos está videovigilada casi al metro cuadrado lo cual representa una “práctica tecnoautoritaria”. Lo que cuestionaba la novela de Orwell el siglo pasado hoy es una realidad y ya nadie se lo cuestiona. De hecho, en la novela los carteles de “EL GRAN HERMANO TE VIGILA” servían para recordarle a los ciudadanos el poder del panóptico y que sintieran en cada minuto la represión. Ahora, por el contrario, la gente transita casi sin notar que la están vigilando a cada minuto.
Al mapa de Amnesty se suman algunos datos que nos avisan que para vigilarse sí hay plata. Por caso, el gobierno de Javier Milei gastó al menos 1.2 millones de dólares en videvigilancia y control de datos, a partir de sistemas de inteligencia y de reconocimiento facial. Y eso que todavía no entró a jugar Palantir, de Peter Thiel, que es otro nivel de obtener información a partir del cruce de grandes cantidades de datos. La Ciudad ya había gastado otros 48 millones de dólares en la expansión de su sistema de videovigilancia, incluida la compra de una licencia de reconocimiento facial de Clearview AI, que genera polémicas en distintas partes del mundo por los falsos positivos y un sesgo que algunos consideran racista.
Según el relevamiento de compras públicas de la plataforma BA Compras que hizo Amnistía, la Ciudad adjudicó por licitación pública al menos seis contratos vinculados a la vigilancia entre mayo de 2025 y diciembre de 2025. Según informó el propio Gobierno porteño, el sistema de videovigilancia alcanzó en julio de 2025 una cobertura del 82% de la Ciudad, con un total de 3.400 cámaras, mientras que el jefe de Gobierno, Jorge Macri, había supervisado meses antes la instalación de 1.200 cámaras adicionales “para ampliar la vigilancia urbana”. A eso, le sumó también drones de vigilancia: la Ciudad incorporó cuatro unidades en 2022 para reforzar el trabajo de su Escuadrón de Drones, entre ellos un DJI Matrice 200 que, según la propia Policía de la Ciudad, cuenta con un sistema de “autotrack” que permite marcar a una persona o a un vehículo y obtener datos sobre su recorrido.
Alguien podía decir: ¿Cuál es el problema, si mejora la seguridad? Amnesty acota que se está usando presuntamente para la persecución política. De hecho, el informe de Amnesty indica que Plaza Congreso está “total y desproporcionadamente cubierta” por el alcance de las cámaras. Si el argumento fuera la seguridad, debería suponerse que esa plaza tiene la mayor comisión de delitos por metro cuadrado y dudo que sea así. El motivo real –todos lo sabemos- es el control de las manifestaciones. Por eso, la cobertura completa también alcanza las calles por las que se suelen desconcentrar las marchas y llega hasta la 9 de Julio.
Lo más complicado de este tema es que nadie, nadie, nadie se está cuestionando el derecho del Estado de cubrir todo de cámaras al punto de eliminar el concepto mismo de privacidad. Como decía al comienzo, solo hubo un tibio intento de discutirlo cuando se frenó el uso del sistema de reconocimiento fácil, pero rápidamente le sacaron la causa al juez Gallardo y el tema velozmente desapareció de los medios.
Algún día nos vamos a tener que preguntar si queremos vivir como en la novela de Orwell o hay que decirle que no al Gran Hermano.
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