Milei llevó su guerra cultural al aula de la ORT: entre francotiradores, un discurso messiánico y la polémica por la "IA sin regulación"

El presidente utilizó una charla sobre ética e inteligencia artificial en el colegio judío de Almagro para arremeter contra el marxismo —al que calificó de "satanista"—, negar la crisis de la morosidad y defender su modelo de desarrollo tecnológico sin controles estatales, mientras padres y referentes de la comunidad educativa rechazaban su presencia.



El jueves por la mañana, mientras el sol apenas comenzaba a calentar las calles de Almagro, el barrio se convertía en una zona militarizada. Francotiradores apostados en terrazas aledañas, perros especializados en explosivos recorriendo las veredas, vallas cortando el tránsito y la estación Río de Janeiro de la línea A del subte cerrada al público conformaban el paisaje que precedió a la llegada de Javier Milei al Colegio ORT. No se trataba de una cumbre internacional ni de un acto de alta sensibilidad política: el presidente había sido invitado a hablar sobre ética e inteligencia artificial ante alumnos de cuarto y quinto año, en el marco de los noventa años de la institución educativa. Sin embargo, el hermetismo y el despliegue de fuerzas de seguridad sugerían algo más que una simple charla escolar.

Milei llegó cerca de las diez y cuarenta y cinco, acompañado por su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y por Demian Reidel, el exasesor que lidera la estrategia del gobierno para convertir a Argentina en el autoproclamado "cuarto polo de inteligencia artificial" del mundo. La prensa quedó afuera. Los canales oficiales no transmitieron. Los estudiantes, según confirmó la institución, habían sido convocados de manera voluntaria, aunque la actividad se inscribía dentro del horario escolar. Algunos padres se enteraron ese mismo día; otros habían recibido una circular que, entre advertencias sobre la posible difusión de imágenes de sus hijos, les comunicaba que la participación no era obligatoria. Aún así, varios alumnos faltaron a clases y un grupo de padres presentó quejas formales ante las autoridades del colegio.

Lo que ocurrió dentro del salón durante aproximadamente cuarenta minutos —que se extendieron hasta poco más de una hora según algunas versiones— quedó durante horas bajo un velo de secretismo que solo se disipó cuando la Secretaría de Comunicación difundió, selectivamente, fragmentos del discurso. Y lo que emergió de ese paquete de palabras no fue precisamente una reflexión sobre los algoritmos, la privacidad de los datos o los dilemas morales que plantea la automatización del conocimiento. Fue, en cambio, una arenga.

Milei leyó el epílogo de su próximo libro, titulado "Ética como política de Estado", y en ese marco desplegó una lectura teológica de la economía que ya había esbozado en otros escenarios pero que adquiría una tonalidad particular frente a un auditorio de adolescentes. Sostuvo que los diez mandamientos bíblicos constituyen "las condiciones que el capitalismo necesita para funcionar", definieron al liberalismo como "consecuencia directa del primer mandamiento" y no dudó en calificar al marxismo como una "teoría satánica" cuyo resultado "siempre es el mismo: miseria, muerte, infierno en la tierra". El programa de Dios, en contraste, traería "abundancia y armonía espiritual y material". La nación que honre el orden divino, aseguró, recibirá su bendición; la que lo rechace, su castigo. "Yo lo entendí y es por eso que gobierno como gobierno", concluyó.

El discurso, lejos de quedar anclado en abstracciones filosóficas, derivó rápidamente en una defensa a ultranza de su gestión y en un ataque a la oposición. El presidente negó que exista una crisis de morosidad —a pesar de que datos de consultoras privadas indican que las personas en situación irrecuperable pasaron de casi dos millones a tres millones ochocientas mil en un año— y acusó a sus críticos de instalar el tema como un nuevo "mercado repugnante" destinado a "dividir a la sociedad". Comparó las advertencias actuales sobre el endeudamiento de las familias con los rumores de la campaña electoral de 2023, cuando, según recordó, se decía que él promovería la venta de órganos y de armas en los kioscos escolares. "Son argumentaciones para dividir a la sociedad en mercados que generan controversia y achicando el conjunto sobre los que pueden adherir a la posición del gobierno", lanzó, antes de prometer que no cedería al "canto de las sirenas" ni modificaría el rumbo.

En materia de inteligencia artificial, el mandatario ratificó la postura que ya había expuesto en una columna publicada en el Financial Times: la Argentina debe abrirse a la inversión tecnológica con un marco de "baja regulación", diferenciándose de la Unión Europea —a la que acusó de "matar la innovación" con su exceso de normas—, de China y de Estados Unidos. El gobierno busca atraer empresas del sector con beneficios impositivos y un entorno jurídico permisivo, una apuesta que Milei había presentado ante la Cumbre del G7 y que ahora reiteraba ante adolescentes que, en pocos años, serán testigos de primera mano de las transformaciones que esas tecnologías impulsen en el mercado laboral.

Pero la jornada no transcurrió sin resistencias. En la radio Futurock, un padre del colegio calificó la visita presidencial de "provocación" y protestó por las "mentiras que genera con IA", en una referencia explícita a las imágenes de inteligencia artificial que Milei suele difundir en sus redes sociales. El mismo padre advirtió que "asociar a la comunidad a determinados signos políticos genera un montón de antisemitismo que nos duele a todos". Ariel Garbarz, ingeniero, docente y referente de la colectividad judía, fue más allá en una carta abierta: denunció que Milei representa "aquello que hoy va en contra de los fundamentos democráticos y de convivencia política", recordó sus insultos a periodistas, opositores y colectivos diversos, y sostuvo que "una persona que difunde y defiende discursos de odio no puede de ninguna manera utilizar un espacio educativo para hacerlo". La periodista Natalia Volosin, por su parte, denunció que a los estudiantes que ingresaban al salón les habían prohibido los celulares bajo el argumento del protocolo de seguridad.

Al retirarse, mientras un reducido grupo de seguidores lo esperaba en la vereda, alguien le gritó "chorro". Otros, en cambio, se acercaron para sacarse selfies con el mandatario. La imagen de los jóvenes rodeando a Milei con sus teléfonos fue rápidamente apropiada por las redes oficiales de La Libertad Avanza, que difundieron el mensaje de que se estaba "construyendo una nueva Argentina en donde no hace falta emigrar para tener un futuro lleno de oportunidades".

La aparición en la ORT se produjo en una semana particularmente activa para el presidente, que había comenzado a retomar la agenda después de varios días recluido en la Quinta de Olivos. Un día antes, la Cámara de Diputados le había dado media sanción a tres proyectos clave de su gestión: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la ley de Inocencia Fiscal II y el Tratado de Patentes. Milei celebró en sus redes el avance sobre el BCRA como "un paso fundamental para erradicar la inflación de la vida de los argentinos de bien". Pero la elección del colegio ORT como escenario no respondía solo a la conmemoración de los noventa años de la institución. En los despachos oficiales, las encuestas habían encendido una luz de alarma: según mediciones de la Universidad Torcuato Di Tella, la confianza en el gobierno entre los jóvenes de dieciocho a veintinueve años había caído un veintitrés por ciento en julio, ubicándose en el nivel más bajo entre todos los segmentos etarios. En 2027, los menores de cuarenta años representarán casi el cincuenta y tres por ciento del padrón electoral.


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