Gobierno PRO

Doble discurso PRO: la contradicción entre los festejos virtuales de Jorge Macri y la represión policial en las calles

Mientras el Jefe de Gobierno porteño celebraba la euforia popular en redes sociales y viralizaba videos de la multitud, la Policía de la Ciudad desalojaba la traza de la Avenida 9 de Julio con gases lacrimógenos y balas de goma.


La histórica cultura futbolística de la Argentina volvió a convocar a miles de ciudadanos en el Obelisco porteño para celebrar un nuevo hito deportivo de la Selección Nacional. Sin embargo, la jornada evidenció una marcada desconexión entre la narrativa digital del Gobierno de la Ciudad y el accionar de sus fuerzas de seguridad en el territorio, abriendo un debate político sobre los límites del derecho al uso del espacio público y la gestión de la protesta o la celebración masiva en la Capital Federal.

Durante la noche del domingo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, utilizó sus canales oficiales en la plataforma X para subirse a la ola de entusiasmo popular. Con publicaciones que incluyeron videos en alta definición de las avenidas porteñas colmadas de banderas, el mandatario local acompañó las imágenes con frases de fuerte impronta efusiva como "Vamooooooooos Argentina carajo!!!!" y "Locura por Argentina".

No conforme con ello, en las horas posteriores se dedicó a replicar y repostear de forma sistemática las publicaciones de cuentas satélites y militantes que elogiaban la masividad de la convocatoria y la estética de los videos oficiales.

No es la primera vez que el primo de Mauricio se quiere colgar de la Scalonetta: por ejemplo, tras el triunfo en el debut en el mundial ante Argelia, el jefe de Gobierno porteño no pudo contener su furia digital y repartió todo tipo de tuits al respecto.

La gestión de la calle: del festejo digital al camión hidrante

La euforia expresada en las redes sociales contrastó de manera drástica con el escenario que se desplegó pocas horas después sobre la Avenida 9 de Julio. Lo que comenzó como una masiva movilización festiva y familiar concluyó en un violento operativo de dispersión coordinado por el Ministerio de Seguridad porteño.

De acuerdo con las crónicas del lugar y los informes de organizaciones de derechos humanos, la Infantería de la Policía de la Ciudad avanzó sobre los manifestantes utilizando camiones hidrantes, gases lacrimógenos y postas de goma para forzar el despeje de las calles.

El saldo oficial del procedimiento policial arrojó al menos 13 personas detenidas bajo cargos de resistencia a la autoridad y disturbios, además de varios civiles heridos que debieron recibir asistencia médica ambulatoria por golpes y el impacto de los químicos dispersados.

Un modelo de control que tensiona el espacio público

La justificación técnica de la gestión local se amparó en la necesidad de liberar las principales arterias de circulación y prevenir supuestos desmanes aislados tras la desconcentración. No obstante, el análisis racional de los operativos recientes en el distrito capitalino demuestra una tendencia a privilegiar las intervenciones de fuerza por sobre los mecanismos de mediación y ordenamiento urbano que suelen aplicarse en grandes aglomeraciones internacionales.

El episodio en el Obelisco reaviva el cuestionamiento sobre la coherencia discursiva del Ejecutivo porteño, que comulga con los lineamientos punitivos del Gobierno nacional pero busca, al mismo tiempo, capitalizar la simpatía de los eventos populares. La incapacidad para canalizar de forma pacífica e institucional las manifestaciones de alegría colectiva introduce un interrogante de cara a los próximos desafíos logísticos de la Ciudad: si la respuesta estatal ante la masividad es la represión sistemática, el espacio público porteño corre el riesgo de quedar reservado únicamente para las postales de las redes sociales.

COMENTARIOS