El consumo no encuentra piso: las ventas en supermercados, mayoristas y shoppings cayeron el primer cuatrimestre

A pesar de una leve mejora mensual en los supermercados, el acumulado de los primeros cuatro meses del año arrojó caídas generalizadas, en un escenario donde la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre económica siguen moldeando el comportamiento de los consumidores.

  El consumo masivo en la Argentina continúa sin mostrar señales firmes de recuperación. Así lo reflejan los últimos informes de coyuntura comercial publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que evidencian un panorama de contracción generalizada en los principales canales de venta del país durante el mes de abril, consolidando un primer cuatrimestre con resultados ampliamente negativos.   En el segmento de los supermercados, las ventas medidas a precios constantes registraron una caída del 3,7 por ciento en la comparación interanual, lo que representa la segunda peor performance del año, únicamente superada por el desplome del 5,1 por ciento que se había verificado en marzo. Si bien el indicador desestacionalizado mostró un leve repunte del 0,8 por ciento respecto del mes anterior, ese dato resultó insuficiente para modificar la tendencia de fondo. En el acumulado de los primeros cuatro meses del año, las grandes cadenas minoristas arrastran una contracción del 3,3 por ciento frente al mismo período de 2025.   El escenario en los autoservicios mayoristas resultó aún más complejo. Durante abril, este canal experimentó un retroceso del 5 por ciento en términos interanuales, al tiempo que la comparación mensual también arrojó un resultado negativo, con una baja del 1,1 por ciento. De este modo, el acumulado enero-abril quedó con una variación negativa del 3,2 por ciento respecto de la misma etapa de 2025.   Los centros de compras, por su parte, fueron el eslabón más golpeado por la retracción del consumo. Las operaciones a precios constantes en los shoppings se desplomaron un 5,9 por ciento interanual en abril, con lo cual el acumulado del primer cuatrimestre cerró con un deterioro del 5,7 por ciento. El rubro, más volcado a bienes prescindibles como indumentaria, calzado y electrodomésticos, acusa el impacto directo de los hogares que recortan de cuajo los gastos no esenciales.   La fotografía de las góndolas revela además una transformación en la composición del gasto. En los supermercados, las ventas totales a precios corrientes alcanzaron los 2,4 billones de pesos, lo que representa un incremento nominal del 21,5 por ciento interanual. Sin embargo, ese aumento queda muy por debajo de la inflación del período, que en el Área Metropolitana de Buenos Aires alcanzó el 32,4 por ciento. Los rubros que lideraron las subas fueron aquellos vinculados a la alimentación básica: las carnes anotaron el mayor incremento con un 37,3 por ciento, seguidas por los alimentos preparados y rotisería (25,7%) y los artículos de limpieza y perfumería (25,2%). En los autoservicios mayoristas, el comportamiento fue similar: la facturación totalizó 359.384 millones de pesos, con un alza nominal del 19,7 por ciento, y nuevamente las carnes encabezaron los aumentos (40,3%), acompañadas por los lácteos (26,4%) y los productos de almacén (21,4%).   Los medios de pago también reflejaron las nuevas estrategias de los consumidores para afrontar la crisis. En los supermercados, las tarjetas de crédito concentraron el 42,5 por ciento de las operaciones, seguidas por el débito (25,1%), el efectivo (17,3%) y otros medios como transferencias o billeteras virtuales (15,1%). En los mayoristas, en cambio, los métodos de pago alternativos —transferencias y códigos QR— lideraron las transacciones con el 32,1 por ciento del total.   A pesar de la retracción en los volúmenes de venta, el ticket promedio de compra experimentó aumentos significativos: en los supermercados escaló un 21 por ciento interanual hasta los 35.920 pesos, mientras que en los mayoristas el incremento fue del 22 por ciento, llegando a 43.870 pesos. Este fenómeno, lejos de indicar una mejora en el consumo, evidencia que los hogares destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos para adquirir una cantidad similar o incluso menor de productos.   El impacto de la caída de las ventas ya tiene correlato directo en el empleo del sector. Los informes del INDEC reflejaron que los supermercados cerraron abril con 96.516 trabajadores asalariados, lo que representó una disminución del 2,4 por ciento en la comparación interanual. El golpe fue todavía más severo en los autoservicios mayoristas, que contabilizaron 13.032 empleados, marcando un recorte del 7,2 por ciento respecto de la plantilla registrada doce meses atrás.   La percepción de los propios empresarios del sector no hace más que confirmar la gravedad del momento. De acuerdo con la Encuesta de Tendencia de Negocios, el 33 por ciento de las firmas calificó como mala su situación comercial actual, mientras que apenas el 6,6 por ciento la consideró buena. Aunque existe cierto optimismo moderado para el trimestre junio-agosto —el 18,7 por ciento de los consultados estima que la situación mejorará—, cerca de siete de cada diez empresas anticipan que el panorama permanecerá sin cambios.   El informe del organismo estadístico confirma así un escenario de consumo debilitado, con caídas sostenidas en los principales canales de venta minorista y mayorista, y sin señales firmes de recuperación en el corto plazo. La pérdida del poder adquisitivo, el elevado nivel de endeudamiento de las familias y la persistente falta de demanda continúan siendo los principales obstáculos para una reactivación que, por ahora, no termina de llegar.

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