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- 13.06.2026
Trabajo sexual virtual: AMMAR y el Conicet desarman el mito del "dinero fácil" en OnlyFans
Un relevamiento nacional con 252 respuestas, presentado en la Cámara de Diputados, muestra que quienes venden contenido erótico trabajan jornadas extensas, ganan en su mayoría entre 500 y 1.000 dólares al mes y enfrentan estigma, violencia digital y falta de derechos, mientras reclaman reconocimiento laboral.
El informe "Trabajo sexual y plataformas digitales", impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) y elaborado por las investigadoras del Conicet Déborah Daich y Estefanía Martynowskyj, fue presentado en el Salón Auditorio de Diputados con la participación de la secretaria general de AMMAR, Georgina Orellano, y de la diputada Gabriela Estévez, titular de la Comisión de Mujeres y Diversidad. El trabajo combinó diez entrevistas en profundidad con una encuesta online que alcanzó a 252 personas de distintas provincias, y se propone como una de las radiografías más amplias hechas hasta ahora sobre esta actividad en el país. Su punto de partida es desmontar la imagen, muy difundida en medios y redes, de OnlyFans como una vía rápida hacia la independencia económica.
La mayoría de quienes respondieron se sumó durante o después de la pandemia, empujada por la caída de ingresos en otros rubros. El 72,4% dijo haber entrado por necesidad económica y el 58,8% por el rendimiento que ofrecía frente a otros empleos, en un contexto que las autoras describen como de deterioro del mercado laboral, con salarios a la baja, informalidad creciente y pluriempleo extendido. El perfil que emerge rompe varios estereotipos: el 82,9% se identifica como mujer, pero también hay personas no binarias, varones trans, mujeres trans, travestis y varones cis; la edad promedio es de 31 años y predominan niveles educativos medios y altos, con muchas cursando estudios terciarios o universitarios. Lejos de ser su primer trabajo, la mayoría venía de comercio, gastronomía, servicios, educación, salud o tareas de cuidado, y más de la mitad sigue combinando la actividad virtual con otro empleo remunerado.
El estudio muestra además que OnlyFans es apenas la punta visible de un ecosistema mucho más amplio. Las investigadoras identificaron más de 60 espacios digitales, que van de Fansly y ManyVids para la venta de fotos y videos, a Chaturbate, Stripchat o LuckyCrush para transmisiones en vivo, y se apoyan en Telegram, WhatsApp, Snapchat, X y Reddit para la promoción y el contacto con clientes. Esa multiplicidad obliga a tareas que rara vez aparecen en los relatos de éxito: producir y editar contenido, sostener conversaciones, administrar suscripciones, aprender idiomas, seguir cambios de algoritmos y promocionar de forma constante. Una entrevistada lo resumió así: "si ya prendí el celular, ya empecé a trabajar". En números, el 60,7% dedica hasta cuatro horas diarias, un 23% llega hasta ocho y un 16,3% supera ese umbral.
Los ingresos refuerzan la distancia con el mito. La mayor parte obtiene montos modestos y fluctuantes: un 20,6% ronda los 500 dólares mensuales y un 17,9% alcanza los 1.000, mientras que quienes superan los 3.000 dólares son una minoría. Las autoras insisten en que las historias de ganancias extraordinarias existen, pero son excepcionales dentro de un universo donde sostener un ingreso estable exige una presencia diaria muy intensa.
A pesar de la precariedad, el informe recoge valoraciones positivas. La autonomía para organizar horarios, trabajar desde la casa y elegir con quién interactuar aparece como el principal atractivo, sobre todo para quienes encuentran barreras en empleos tradicionales por problemas de salud, ansiedad o condiciones dentro del espectro autista. También se menciona la dimensión creativa y la posibilidad de explorar la propia sexualidad en un entorno controlado.
Esa autonomía convive, sin embargo, con un estigma persistente. El 90,5% considera que la actividad está estigmatizada por tabúes sexuales, machismo y miradas moralizantes que la reducen a "plata fácil". Aunque muchos entornos cercanos están al tanto, el ocultamiento sigue siendo frecuente en ámbitos laborales o educativos, con testimonios de trabajadoras de la salud y la docencia que temen sanciones si se conoce su perfil. A eso se suma la violencia digital, que es la problemática más reportada: el 65,5% recibió imágenes sexuales o violentas sin consentimiento, el 43,7% sufrió insultos, el 35,7% acoso y más de un tercio enfrentó filtraciones de material íntimo, con casos de extorsión y amenazas de difusión a familiares o empleadores. Las consecuencias en la salud mental son altas: 61% reportó burnout, 56% ansiedad y 27,8% síntomas depresivos, vinculados no solo al trabajo en sí, sino al estigma, a la necesidad de estar siempre disponible y a la incertidumbre sobre el ingreso del mes siguiente.
Frente a ese escenario, AMMAR plantea una demanda de reconocimiento: protección específica contra la violencia digital, herramientas para facturar y aportar como monotributistas, acceso a seguridad social y garantías para no ser discriminadas en otros empleos. Para la organización, los datos confirman que se trata de un trabajo de la economía digital atravesado por las mismas lógicas de precarización que otros sectores, pero agravado por el peso histórico del estigma.
En paralelo, la discusión pública sobre lo digital se cruza con causas judiciales por explotación. En 2025, por primera vez en el país, un tribunal condenó a 25 años de prisión a Fredy Junior Arturo Zea Ricardo por explotación sexual a través de medios digitales, en un caso con víctimas de familias trabajadoras captadas con promesas laborales falsas. Organizaciones que acompañan a víctimas advierten, además, que ese mismo año el Estado no ejecutó los 1.000 millones de pesos presupuestados para compensaciones económicas y dio de baja programas como Restituir y Reparar, dejando como únicos dispositivos vigentes el Programa Nacional de Rescate y la línea 145.
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