- Economía
- 14.04.2026
CRISIS TEXTIL
Una textil de Villa Devoto que producía para Reebok y Kevingston pidió el concurso preventivo
Fantome Group, que llegó a producir 900.000 prendas al año y emplear a más de un centenar de trabajadores, se presentó ante la Justicia para reestructurar su deuda. La caída de sus principales clientes y el avance de las importaciones la dejaron con apenas 20 empleados y sin ingresos relevantes
Hubo un momento en que Fantome Group supo ser un nombre de peso en la industria de la indumentaria argentina. Desde su planta de 5.500 metros cuadrados en el barrio porteño de Villa Devoto, la empresa fabricaba prendas para marcas como Reebok, Kappa, Kevingston, Cheeky, Billabong y Kosiuko, manejaba un proceso productivo integral —desde el corte y la confección hasta el bordado, el estampado y el packaging— y llegó a producir 900.000 prendas anuales con una plantilla que en su momento de mayor esplendor rozó las 400 personas. Hoy, Fantome Group tiene 20 empleados, cheques rechazados por casi 45 millones de pesos y una deuda bancaria catalogada como de alto riesgo de insolvencia. En febrero de este año solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores, que la Justicia habilitó a principios de marzo.
El proceso fue dispuesto el 23 de febrero y surgió de la delicada situación financiera que atraviesa la firma, la cual perdió a sus principales clientes al tiempo que recibió el impacto de la apertura de importaciones. En su presentación judicial, la empresa describió el contexto con una expresión que no deja margen para la ambigüedad: la industria textil argentina enfrenta una "competencia diabólica" por parte de los productos importados, cuyos precios resultan imposibles de igualar en el mercado local.
El punto de quiebre estructural para Fantome llegó en 2020, cuando Kevingston —su cliente más importante, que explicaba la mayor parte del flujo de trabajo— decidió reemplazar la producción nacional por importaciones directas. La empresa reconoce en sus escritos judiciales que esa salida fue el principio del fin de su modelo de negocio original. Otras marcas siguieron el mismo camino en los años subsiguientes, vaciando progresivamente la carga de trabajo de la planta deveoteña. Entre 2022 y 2025, Fantome logró extender su actividad gracias a su vínculo contractual con Distrinando S.A., licenciataria local de Kappa y Reebok, mediante la provisión de indumentaria deportiva y equipamiento para clubes, pero ese contrato también fue cancelado en 2025, dejando a la compañía sin fuentes de ingresos significativas.
El deterioro financiero quedó documentado en los registros del Banco Central y en los expedientes judiciales. Entre los principales acreedores de la firma aparecen Garantizar SGR y el Banco Galicia. A ese pasivo se sumaron dos embargos trabados sobre sus cuentas bancarias el 14 de julio del año pasado por más de 130 millones de pesos, montos que la empresa no pudo cubrir y que derivaron en la cesación de pagos que la misma compañía reconoció al presentarse a concurso.
En sus argumentos ante la Justicia, Fantome no se limitó a describir su propia situación sino que trazó un diagnóstico más amplio sobre las condiciones del sector. Señaló la existencia de competidores que comercializan por debajo de sus costos con el único objetivo de mantenerse en el mercado, la suba sostenida de insumos, energía y salarios, la presión impositiva elevada y la ausencia de políticas que frenen el dumping. En 2025, la Argentina importó 391.676 toneladas de productos textiles e indumentaria, lo que implicó un crecimiento del 71% en volumen y del 52% en dólares respecto al año anterior, mientras que las importaciones bajo la modalidad courier aumentaron 274% interanual, impulsadas por plataformas como Shein y Temu.
Ante la caída del negocio mayorista, Fantome intentó reinventarse: lanzó una marca propia llamada Berta León, abrió un local minorista en el barrio de Belgrano y desarrolló una unidad de bordado y estampado que hoy representa su principal fuente de ingresos. Ninguna de esas iniciativas logró compensar el derrumbe. El concurso preventivo es, según la propia empresa, la única herramienta disponible para reorganizar su deuda y garantizar la continuidad de las operaciones que aún quedan en pie. Los acreedores tendrán plazo hasta el 17 de junio para verificar sus créditos, mientras que la audiencia informativa fue fijada para abril de 2027.
El caso de Fantome no es excepcional: es representativo. En simultáneo, otra empresa del sector, Ted Bodin —una marca de indumentaria femenina fundada en 1984 con presencia en shoppings y centros comerciales de todo el país—, también entró en concurso preventivo, lo que muestra que la crisis golpea por igual a los eslabones de producción y de comercialización de la cadena textil.
Los números del sector confirman la profundidad de la caída. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en enero de 2026 el índice de producción industrial textil registró una caída interanual del 23,9%, el retroceso más pronunciado desde que se inició la serie estadística en 2016, un derrumbe casi ocho veces mayor al registrado por la industria en general. La utilización de la capacidad instalada en el sector textil alcanzó apenas el 23,7% en enero de 2026, muy por debajo del 33,9% registrado en el mismo mes del año anterior. En el plano laboral, desde diciembre de 2023 la pérdida acumulada de puestos formales en el sector textil, confecciones, cuero y calzado supera los 19.000 empleos, con caídas interanuales ininterrumpidas desde febrero de 2024.
La Federación de Industrias Textiles Argentinas alertó además sobre prácticas de subfacturación en las importaciones: se detectaron casos de remeras de algodón ingresadas al país declaradas a menos de un centavo de dólar, toallas por debajo de 30 centavos el kilo y jeans a menos de un dólar, valores que no cubren siquiera el costo internacional de la materia prima. Para las empresas que aún producen en el país con costos reales —salarios, alquileres, impuestos, energía—, competir en esas condiciones es, según la propia definición que Fantome dejó en su presentación judicial, simplemente diabólico.
El proceso fue dispuesto el 23 de febrero y surgió de la delicada situación financiera que atraviesa la firma, la cual perdió a sus principales clientes al tiempo que recibió el impacto de la apertura de importaciones. En su presentación judicial, la empresa describió el contexto con una expresión que no deja margen para la ambigüedad: la industria textil argentina enfrenta una "competencia diabólica" por parte de los productos importados, cuyos precios resultan imposibles de igualar en el mercado local.
El punto de quiebre estructural para Fantome llegó en 2020, cuando Kevingston —su cliente más importante, que explicaba la mayor parte del flujo de trabajo— decidió reemplazar la producción nacional por importaciones directas. La empresa reconoce en sus escritos judiciales que esa salida fue el principio del fin de su modelo de negocio original. Otras marcas siguieron el mismo camino en los años subsiguientes, vaciando progresivamente la carga de trabajo de la planta deveoteña. Entre 2022 y 2025, Fantome logró extender su actividad gracias a su vínculo contractual con Distrinando S.A., licenciataria local de Kappa y Reebok, mediante la provisión de indumentaria deportiva y equipamiento para clubes, pero ese contrato también fue cancelado en 2025, dejando a la compañía sin fuentes de ingresos significativas.
El deterioro financiero quedó documentado en los registros del Banco Central y en los expedientes judiciales. Entre los principales acreedores de la firma aparecen Garantizar SGR y el Banco Galicia. A ese pasivo se sumaron dos embargos trabados sobre sus cuentas bancarias el 14 de julio del año pasado por más de 130 millones de pesos, montos que la empresa no pudo cubrir y que derivaron en la cesación de pagos que la misma compañía reconoció al presentarse a concurso.
En sus argumentos ante la Justicia, Fantome no se limitó a describir su propia situación sino que trazó un diagnóstico más amplio sobre las condiciones del sector. Señaló la existencia de competidores que comercializan por debajo de sus costos con el único objetivo de mantenerse en el mercado, la suba sostenida de insumos, energía y salarios, la presión impositiva elevada y la ausencia de políticas que frenen el dumping. En 2025, la Argentina importó 391.676 toneladas de productos textiles e indumentaria, lo que implicó un crecimiento del 71% en volumen y del 52% en dólares respecto al año anterior, mientras que las importaciones bajo la modalidad courier aumentaron 274% interanual, impulsadas por plataformas como Shein y Temu.
Ante la caída del negocio mayorista, Fantome intentó reinventarse: lanzó una marca propia llamada Berta León, abrió un local minorista en el barrio de Belgrano y desarrolló una unidad de bordado y estampado que hoy representa su principal fuente de ingresos. Ninguna de esas iniciativas logró compensar el derrumbe. El concurso preventivo es, según la propia empresa, la única herramienta disponible para reorganizar su deuda y garantizar la continuidad de las operaciones que aún quedan en pie. Los acreedores tendrán plazo hasta el 17 de junio para verificar sus créditos, mientras que la audiencia informativa fue fijada para abril de 2027.
El caso de Fantome no es excepcional: es representativo. En simultáneo, otra empresa del sector, Ted Bodin —una marca de indumentaria femenina fundada en 1984 con presencia en shoppings y centros comerciales de todo el país—, también entró en concurso preventivo, lo que muestra que la crisis golpea por igual a los eslabones de producción y de comercialización de la cadena textil.
Los números del sector confirman la profundidad de la caída. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en enero de 2026 el índice de producción industrial textil registró una caída interanual del 23,9%, el retroceso más pronunciado desde que se inició la serie estadística en 2016, un derrumbe casi ocho veces mayor al registrado por la industria en general. La utilización de la capacidad instalada en el sector textil alcanzó apenas el 23,7% en enero de 2026, muy por debajo del 33,9% registrado en el mismo mes del año anterior. En el plano laboral, desde diciembre de 2023 la pérdida acumulada de puestos formales en el sector textil, confecciones, cuero y calzado supera los 19.000 empleos, con caídas interanuales ininterrumpidas desde febrero de 2024.
La Federación de Industrias Textiles Argentinas alertó además sobre prácticas de subfacturación en las importaciones: se detectaron casos de remeras de algodón ingresadas al país declaradas a menos de un centavo de dólar, toallas por debajo de 30 centavos el kilo y jeans a menos de un dólar, valores que no cubren siquiera el costo internacional de la materia prima. Para las empresas que aún producen en el país con costos reales —salarios, alquileres, impuestos, energía—, competir en esas condiciones es, según la propia definición que Fantome dejó en su presentación judicial, simplemente diabólico.
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