COMUNA 14

Cerró el Sportivo Teatral de Palermo

Otra sala de teatro independiente de la Ciudad bajó el telón definitivamente. Ricardo Bartis fundó esta sala en 1986 por donde pasaron innumerables actores y actrices.


El teatro independiente pierde otra de sus salas emblemáticas. Cerró Sportivo Teatral, el estudio de teatro y sala independiente creada por el reconocido director Ricardo Bartis. Fundado en 1986, en 1998 se mudó a Palermo, ofrecía clases y obras de teatro independientes. Fue un espacio muy querido, por eso actores, actrices y alumnos se acercaron a la sala en los últimos días para sacarse fotos y despedirse.
 
En su espacio se formaron varias generaciones de actores, algunos como Pompeyo Audivert, Luis Machín, María Onetto, Soledad Villamil, como tantos otros. Por eso todos quisieron ir a despedirse de la casona de Thames 1436, en el barrio de Palermo. Estaba en venta desde hacía un año y medio, al poco tiempo de la llegada de la pandemia, pero su crítica situación venía de antes. Sin ingresos, era casi imposible cubrir los altos costos de una casona con tres salas, terraza y patio de más de 400 metros cuadrados.
 
Ricardo Bartis confirmó a BAE Negocios la venta: “Sportivo Teatral cerró, continuará con otros dueños, va a ser un espacio para formar en clases de teatro, danza y música, pero tendrá otro nombre. Los nuevos compradores ofrecerán servicios para los empleados de las empresas”.
 
En el Sportivo Teatral estaba todo listo para arrancar con las clases de teatro en marzo, pero quedó todo suspendido, incluidas las obras de teatro planificadas desde abril. Los encargados del lugar están organizando el inventario para poder entregarlo a los nuevos dueños. Mientras tanto, desfilan artistas que van a despedir y agradecer todo lo que aprendieron.
 
“Siento una tristeza infinita, es parte de la desgracia argentina. Es un lugar que construimos con nuestras propias manos, nos terminó de hundir la pandemia, pero ya veníamos con dificultades. La ayuda oficial es una broma en relación a los espacios teatrales, pero no me quejo. Nunca estuve de acuerdo en la intervención del Estado que termina generando confusión, dependencia y tiene tantas exigencias que termina obligando a los espacios que necesitan ayuda a cambiar el rumbo”, dijo Bartis.
 
“El teatro no le importa a casi nadie, las autoridades ni se enteran de los premios e invitaciones internacionales. Aunque después se llenan la boca, inventando festivales internacionales de teatro en Buenos Aires. Cuando un espacio necesita ayuda es humillante todo lo que hay que hacer, casi ponerse de rodillas. Esto no le pasa sólo al Sportivo Teatral, le pasa a 110 espacios alternativos que luchan para sobrevivir en la Ciudad, continuó Bartis.
 
Todo cambió, el barrio de Palermo ya no es el que era.  “Nunca quisimos ser un teatro, esto es un estudio de teatro que produce de manera alternativa e independiente. No queríamos ser un proyecto comercial. Teníamos una propiedad valuada en más de un millón de dólares y no podíamos resolver cosas primarias. Al final, se convierte en una carga y llega un momento en el que no podes más. Es muy triste que este lugar tan querido, donde todo lo que ganamos se usó para mejorar la infraestructura, ahora cierre. El ABL que nos cobra la Ciudad, por más que es el 25%, es altísimo, pagamos $ 7000 de agua, más luz y gas”, señaló el director con bronca.
 
Catorce trabajadores dependían de los ingresos del Sportivo Teatral. “Para los compañeros todo el tiempo que estuvimos cerrados fue demoledor, aguantamos lo que pudimos, repartimos lo que habíamos ahorrado, el dinero de los subsidios lo usamos para cubrir necesidades básicas de los que trabajaban en el estudio. Más allá del cierre, le tengo bronca a un montón de mequetrefes que se llenan la boca hablando de la cultura. Basta ver las cuentas bancarias de los que producen arte y compararlas con las de los funcionarios responsables del área. Se vende, pero seguirá existiendo en la memoria de las personas que han trabajado o visto los espectáculos. Nos obligan a mantener un perfil más clandestino. Creen que los teatros alternativos somos una especie de hipismo tardío, experiencia lúdica, que somos gente que no tenemos nada que hacer. No vamos a montar otro espacio y vendemos el Sportivo Teatral porque no tenemos para comer”, expresó Bartis.
 
No es el primer espacio teatral que cierra, fueron muchos los que tuvieron que bajar sus persianas en la Ciudad de Buenos Aires porque no pudieron sobrevivir a la tarifas de los servicios impuestas por el gobierno macrista y luego la llegada de la pandemia. Bartis lo graficaba así: “La pandemia generó una situación de repliegue muy fuerte, el teatro va a tardar mucho en recuperarse. En términos del lenguaje escénico se ven muchos monólogos, hay una ausencia propositiva de lenguajes escénicos, hay un teatro de living, un teatro débil sin sangre, sudor ni sexualidad, un teatro vegano”.
 
“Cuando cierre el Sportivo Teatral la gente lo va a recordar, se va a ir deshilachando en la memoria. El teatro vive en la memoria de la ciudad, a la que pertenece. La gente recuerda palabras, gestos, el teatro es parte de la memoria colectiva. Pasaron personas enormemente queridas que generaron un mundo imaginario en medio del torbellino de Argentina de los últimos 35 años. Ahí la gente se rió, gozó, se enamoró imaginariamente que es más intenso que si fuera real y eso perdurará y existirá. Siempre nos retiramos con los espectáculos en cartel y en pleno éxito. Lo mismo haremos ahora con el cierre del Sportivo Teatral”, concluyó Bartis.


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