COMUNA 11

Arbolitos de Empedrado: “Estamos por el equilibrio de la naturaleza, en restaurar”

Conocimos el Jardín de Empedrado en el barrio de Villa del Parque. Un proyecto ambiental vecinal que queda al costado de las vías del ferrocarril San Martín. Es un espacio que invita a recorrerlo en familia y con amigos para aprender de la flora y fauna que nos rodea.


Un martes por la tarde nos juntamos con Graciela Ruiz y Roberto Scigliano en el hermoso espacio que armaron junto a las vías del tren San Martín, en Empedrado y Ricardo Gutierréz, en el barrio de Villa del Parque. Lo bautizaron El Jardín de Empedrado, en donde crecen 82 especies de plantas y árboles.
 
¿En qué consiste el proyecto Arbolitos de Empedrado?
Graciela: Creamos un espacio apto para recorrer en familia, en un entorno verde que ya existía, donde se pueden ver todo tipo de plantas con sus interacciones con la fauna que llega. Para nosotros siempre fue el rincón del barrio abandonado, lugar que cruzamos por casi veinte años y siempre cabía la palabra yuyo y el ideal donde las pilas de basura se iban enterrando.
Lo convertimos en un hermoso Jardín, le dimos una intensa impronta con nativas, para que fuese biodiverso, para que tuviera mucha vida, que se conectara con los corredores de varios proyectos que trabajan dentro de las facultades de Agronomía y Veterinaria y le diera alimento y refugio a muchas especies que desde allí pudieran llegar hasta nuestras casas. Se lo presentamos a la administración de la Comuna 11 que se fue y a la actual y acá seguimos. Somos vecinos, lo queremos, lo disfrutamos y lo mantenemos.
Las flores, las hojas, las semillas, el sol, la sombra, la contemplación de las aves, ver que nos visitan mariposas, descubrir insectos, respirar fragancias, todo eso nos pertenece, en un espacio público agradable hasta para venir de paseo y tomar unos mates.
 
¿Cómo se les ocurrió armar este proyecto?
Graciela: a la vuelta de mi casa había una plantera vacía, en ese momento yo estaba estudiando Gestión Ambiental y me hacía muchos cuestionamientos, no sabía para donde seguir con todo lo que deseaba hacer. Había hecho algunos trabajos sobre economía circular, soberanía alimentaria, entonces preparé un taller para una materia y le pedí permiso a ese vecino y me puse a sembrar ahí. Fue creciendo una pequeña huerta. A su vez yo estaba con querer saber dónde vivo, ¿qué es lo que pasa?, ¿qué es lo que me relaciona con el entorno? Me llamaba la atención, pero no tenía ningún contacto o referente, hasta que una persona me dijo que estaban pidiendo voluntarios en el Gobierno de la Ciudad en la Agencia de Protección Ambiental y me anoté. Ahí me enseñaron a germinar, a reconocer especies y en las tres actividades que había que eran biorremediación acuática, plantar árboles o hacer cajas nido para aves rapaces, elegí restauración ambiental con reforestación.
Aprendí sobre toda las especies que nos rodean, cuales son de acá, cuales son las que llegaban hasta acá, por ejemplo conocía el Algarrobo pero no sabía que había muchas especies, tampoco sabía qué especies nos rodeaban además del Plátano que nos causa alergia. Me contacté con gente que estaba haciendo acciones ambientales en Lugano, Vicente López, Parque Sarmiento, la facultad de Veterinaria, Lanús, empecé a plantar con ellos, me traje semillas, empecé a germinar en las macetas de mi casa, las llevé a la huerta y crecieron. Pero a la huerta la vandalizaban entonces no se podían comer las verduras y este espacio me llamaba mucho la atención. Este lado de Villa del Parque estaba muy abandonado, era una zona peligrosa, esto era un basural, estaba lleno de yuyos, no había mantenimiento, había ratas. Y pensé: qué lindo sería que los arbolitos estuvieran acá y así llegaron.
Limpiamos y aplanamos el terreno, todo era piedras y abajo había basura acumulada desde hacía años como pañales, botellas, pedazos de electrodomésticos, chapas de autos. La limpieza llevó tres meses de cargar carretillas y tirarlas. Después aplanamos el terreno y plantamos algunos árboles que sufrieron vandalismo pero algunos sobrevivieron y los dejé, entonces me dije: ahora hay que hacer un jardín y con el tiempo, alguien me dijo que le gustaría donar.
 
¿Cuándo arrancaron con Arbolitos de Empedrado?
Graciela: El 22 de enero de 2019 abrí la página de Facebook y empecé a mostrar todo lo que plantaba porque pensé: por qué me lo voy a quedar yo si esto le va a quedar al barrio, estaría buenísimo que todo el mundo conozca. Así surgió que nos vinieron a donar. Me propuse armar el voluntariado y a partir de ahí empezamos a venir y a plantar. Creamos primero el jardín que está del lado de afuera, en el espacio público, plantamos 100 plantas, después hicimos la parte de adentro (terreno del ferrocarril).
 
¿Qué especies tienen plantadas?
Graciela: Tenemos 82 especies. Hay Canario Rojo, Pavonia Hastata que la donó Ricardo Barbetti, maestro ecologista. Algunas vinieron de reservas como el Malvavisco, después están las que atraen mariposas como la que llaman doctorcito o mariposera, también hay Vara Dorada, Hierba de San Simón, Cambará. Hay especies que tienen que ver con distintos lugares pero que en este espacio se adaptaron perfectamente.
Como la napa está muy cerca nos ayuda al riego porque es un lugar muy húmedo entonces, las plantas no necesitan mantenimiento. Regamos solo el final del bancal y las demás se van criando solas.
Además, hay enredaderas de Selva y Cedrón. También hay especies como Tarumá, Ceibo, Sesbania, Canario Rojo, Guaco, Sertal, Cedrón, Mburucuyá, Huevito de Gallo, Tasi, Camambú. Hacen una buena asociación entre todas las especies. Muchas de estas plantas son alimento para las personas y otras son medicinales. En la punta del jardín estamos experimentando.
Roberto: Hay algunas que se propagan muy fácil. Hay plantas que tienen una vida relativamente corta, se reproducen y germinan rápidamente, y luego se expanden. Y otros, como los árboles que son más longevos que tienen un tiempo generacional mucho más largo, es decir, tardan más en llegar a la madurez, tardan más en florecer, en producir semillas, entonces puede pasar mucho tiempo.
Muchas de las especies arbóreas, que nosotros estamos tratando de reimplantar para restablecer uno de los ambientes nativos del Río de La Plata, que es el Talar de Barranca, que son especies que tienen un tiempo generacional muy largo, son árboles que crecen muy lento y tienen un defecto que le molesta al Gobierno de la Ciudad, tienen espinas.
Graciela: El Talar de Barranca es un árbol protegido por ley, votada por el propio (Diego) Santilli en 2015, donde dice que hay que plantarlo, promoverlo e incluirlo en los espacios verdes de la Cuidad.
Roberto: Es el árbol emblemático de la Ciudad de Buenos Aires, pero no lo plantan en veredas porque tiene espinas.
 
¿Cuál es el objetivo al que quieren llegar con este proyecto? 
Graciela: Hay mucha gente a la que le preocupa el medio ambiente y se quiere involucrar yendo a la acción, entonces se preguntan qué pueden hacer. Yo elegí esta parte de las plantas y a Roberto las cosas lo fueron llevando, tiene que ver con que el ambiente tiene sus plantas autóctonas y todo lo que nosotros vemos y llamamos verde no es natural porque es, en su mayoría, traído de otros continentes o de otras regiones del país, muchas veces una especie que es traída del norte y se planta acá no es la misma porque está adaptada a otro lugar. Tiene que ver con esto de restaurar el ambiente, para que sea un ambiente más sano, para purificar el aire, para que toda la interacción que tienen las plantas con los animales se produzca. Nosotros fuimos tomando conocimiento en algunas Reservas y grupos de proyectos de restauración, donde nos indicaban cuales eran plantas de la Barranca o de la Selva, de la Rivera del Río de La Plata y algunas se extendían hacia el Pastizal. Como acá estamos muy cerca del río, estamos entre arroyos, por más que estén enterrados como el Maldonado.
Tenemos plantas representativas de los tres ambientes, de la Rivera, de la parte de selva, de la parte del espinal y un poco del pastizal.
Creemos que este proyecto puede llegar a servir para el que quiera estudiar qué pasa con estas plantas en el ambiente, para estudiantes de biología, de flora nativa y que sirva de lugar de interpretación.
 
¿Y se acercan pájaros?
Graciela: Como este proyecto va a ir creciendo, cada vez vamos a ver más especies de aves. Hasta ahora hemos visto Horneros y Colibríes porque tenemos plantas con flores especialmente para ellos, como el Tumiñico o Talilla que tiene unas cornetitas de color azul. Ahora en otoño tal vez no se vean muchas flores, pero cuando venga la primavera van a resurgir.  También como tenemos hospederas de mariposas, acá podemos ver todo el ciclo de la mariposa. Ahora hay orugas que están creciendo en las enredaderas, nos pone muy contentos. Esta especie se llama mariposa Tigre de las Cruces, se puede ver en todo lo que es el delta del Paraná y hasta el Chaco.
Roberto: Es importante que la gente sepa que cuando las plantas tienen orugas de mariposas, rebrotan. Si convive con la especie está adaptada y no está matando a la planta.
 
¿Qué relación tienen con el barrio, con los vecinos?
Roberto: En algunas oportunidades hemos sufrido agresiones, no hacia nosotros, sino hacia las plantas del Jardín. Siempre tenemos el problema de que la gente cree que el borde de las vías es un basurero.
Graciela: Hay cosas buenas para rescatar de los vecinos como la primera persona que me habló cuando empecé con todo esto. Había una señora con la que siempre nos cruzábamos, ella iba al Maxiconsumo y un día se me acercó y me dijo: “Nena! ¿Vos plantás arbolitos? ¿Querés plantar un arbolito en mi vereda?” Ella fue la primera que me pidió un árbol, y a partir de ahí empezamos a plantar hasta hoy que ya plantamos 143 árboles en el barrio. Ella fue nuestro puntapié.
Tenemos el sendero pegado a las plantas, la gente puede observar en vivo y en directo especies nativas que no se ven en otros lugares ni se encuentran en los viveros. En una reserva no se puede acceder ni tocar las plantas, acá además se pueden llevar semillas y cosechar.
Tenemos disponibilidad para los vecinos de cualquier barrio. Cuando no había pandemia la gente viajaba desde distintos lugares para conocer el Jardín. Este tipo de cosas atrae, interesa, lleva a conocer mucho más de lo que uno puede leer por Internet. El contacto visual y presencial es mucho más rico, la gente pregunta mucho, quieren tocar las texturas de las hojas, quiere oler las plantas que tienen perfume o saber para qué se utilizan medicinalmente.
Roberto: La virtualidad no enamora, no te llega de la misma manera, tanto en flora como en fauna.
 
¿Qué actividades realizan?
Roberto: Ahora está todo medio alterada la actividad por la pandemia, pero hacemos visitas guiadas por el Jardín con los vecinos que tal vez pasan y preguntan, además de hacer visitas programadas.
También armamos talleres para que la gente conozca las plantas y aprenda a germinarlas y tratar las semillas. Estamos planificando talleres y actividades nuevas. Hace dos años, hicimos un taller participativo para la fabricación de colilleros con materiales reutilizados.
Graciela: Hicimos 36 colilleros en la plazoleta Ricardo Gutiérrez, luego salimos y los colocamos. En las paradas de colectivos fue en los lugares que mejor funcionaron. Todo necesita mantenimiento, no es solo colocarlo. Llevamos un relevamiento. Necesitamos la colaboración de los vecinos.
Roberto: Este año hicimos un taller de tratamiento y germinación de semillas nativas porque muchas veces la gente se frustra porque te dicen: “las planté y no salió nada”, a mí también me pasa, lo que pasa es que muchas semillas nativas están preparadas para pasar por el estómago de un animal, entonces los jugos digestivos del animal ablandan el tegumento de la semilla para que pueda germinar. Nosotros enseñamos qué semillas deben ser tratadas de qué manera para permitir que germinen.
Graciela: Además, después de cada taller armamos una mesa con sobres con semillas para que la gente elija lo que quiera y se las lleve. En un taller llegamos a tener 300 sobres, todo el mundo se llevó para regalar, era lo que nosotros buscábamos, que el entusiasmo contagiara a amigos, parientes y vecinos. La gente empezó a germinar y algunos nos mandaron fotos.
En 2019, en el Club Villa Sahores hicimos cinco charlas ambientales, era un sábado por mes, el taller terminaba con una plantación en el Jardín. En cada charla venían cuatro disertantes y hablábamos de distintos temas ambientales, siempre referidos a la flora, la fauna, el agua, y en todas las jornadas estuvo el maestro Ricardo Barbetti, que habría las charlas con su presentación. De esta manera, muchos vecinos tuvieron acceso a conocer gratuitamente de qué se trata todo esto de cuidar el medio ambiente, por qué hay que plantar nativas, por qué armamos este jardín y conocer de qué ambiente son, sus relaciones biológicas, la flora con la fauna.
En esas jornadas también vino gente a hablar de aves, en otra charla se habló solo de aves rapases. También hubo una charla de poda, otra de compostaje, otra sobre especies exóticas tanto de flora como de fauna como el castor, el ciervo axis, el jabalí, que se entienden y son especies perjudiciales para el ambiente.
 
Todo se relaciona…
Roberto: Sí, porque no existe el árbol aislado o el animal aislado, el ser humano aislado, sino que todo esto se desarrolla en una interacción. Por ejemplo, sin El Impenetrable chaqueño no hay Algarrobo, ni yaguareté, ni oso hormiguero.
La costa del Río de La Plata también tiene sus ambientes, pero si uno mira una foto satelital de la Ciudad de Buenos Aires el color que predomina es el gris, el color del cemento, se ven manchones verdes como el barrio de Agronomía, en Palermo, en Costanera Sur, Ciudad Universitaria. El problema es que cuando se crean estas islas verdes cuesta mantener la salud de esas islas porque las especies se empiezan a cruzar entre ellas y pierden fuerza y energía o se van diferenciando, entonces cuanto más chico el lugar, más aislado, menor salud ambiental tiene, ¿cómo se resuelve esto? Con la creación de corredores verdes, biocorredores que unan esos espacios.
Graciela: Puede ser un conector urbano o pueden ser muchas reservas en una provincia.
Roberto: Por ejemplo, un hornero que hace su nido en la Facultad de Agronomía puede volar hasta acá y buscar alimento, cosa que antes no podía. Pasa lo mismo con los colibríes. Vienen también abejas y abejorros.
Graciela: Esto no es solo refugio para las especies sino que también encuentran alimento, es un lugar de paso. También nos gusta la idea de que a los pasajeros del tren vean desde el vagón las flores y plantas y les de alegría. Esto le hace bien a la gente, esto es salud.
También invitamos a fotógrafos y paisajistas. Hay gente que está estudiando y que quiere ver de qué se trata esto de las nativas. Esto es algo intermedio entre lo académico y una reserva.
 
¿Qué planes tienen a futuro?
Graciela: El proyecto sigue creciendo y nosotros crecemos con él.
Roberto: Es una rebeldía porque es ir un poco en contra de la corriente, que la moda de las nativas, que ahora se está instalando, nos alcance a nosotros y no que nosotros nos prendemos a la moda de las nativas.
 
¿Tienen relación con el Gobierno de la Ciudad?
Roberto: Tenemos relación con la Junta Comunal 11, hay diálogo. Yo siempre les insisto con que no tapen las planteras y que si sacan un árbol lo reponga por uno que sea nativo. Además somos integrantes de la Comisión de Ambiente y Espacio Público del Consejo Consultivo 11.
 
Para contactarse con Arbolitos de Empedrado lo pueden hacer por Facebook: @arbolitosdeempedrado, también se pueden acercar los martes de 16 a 18hs.


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