COMUNA 10

Vecinos de Floresta se organizan para proteger el mural de Orletti

Los especuladores inmobiliarios ahora van por el barrio de Floresta donde construirían locales comerciales y demolerían un mural del entorno del campo de detención y tortura de Automotores Orletti.


En el barrio de Floresta los especuladores inmobiliarios quieren construir galerías y locales comerciales de ropa, para esto caen casas demolidas en enero, aparecen locales ilegales, sin papeles, aprovechando que los jueces están de vacaciones, según pudo saber Página 12.
 
El terreno de la calle Venancio Flores 3525, vecino a Automotores Orletti, se vendió, se encuentra dentro del Área de Protección Histórica de Floresta. Pese a esa protección, los vecinos asumen que se van a construir más locales para vender ropa, pese a que la ley del APH explícitamente prohíbe ese uso comercial en la zona.
 
El lote es conocido porque su dueño hasta ahora se lo prestaba a la Escuela N° 9 para que los chicos hagan educación física. En parte por esta asociación escolar y sobre todo por su vecindad con el campo de detención y tortura de la dictadura, los chicos pintaron un mural en el frente del terreno vendido, que se inauguró el 28 de marzo de 2012, fue pintado por los alumnos de plástica de sexto grado y diseñado por el artista Armando Dillon. En ese momento, el mural fue auspiciado por la dirección de Participación Ciudadana de la Junta Comunal 10 y por el Instituto Espacio para la Memoria.
 
Hay preocupación en la escuela y en el barrio por el futuro uso ilegal de la construcción que ahí se haga, y también del equipo de trabajo del Sitio de Memoria que está en alerta. Se pierde un mural y un patio de juegos y ejercicios de una escuela, ante la indiferencia del Gobierno porteño que podría haber comprado el lugar.
 
Por eso, el sábado a las 11 horas, los vecinos convocan a toda la comunidad en Venancio Flores 3519 para organizarse y ver cómo siguen este tema.
 
En mayo de 1976, el Ejército empezó a usar Automotores Orletti, como parte del Plan Cóndor. El lugar tenía dos plantas, con un gran salón en la planta baja, con piso de hormigón sucio y engrasado, lleno de pedazos de autos y de los autos de las víctimas, robados por sus secuestradores. Entre las instalaciones del campo había un tanque de agua con una roldana de la que colgaban a los torturados para hacerles submarino. Se usó poco por la fuga de José Morales y de su compañera. Fue un escándalo y el campo se cerró en noviembre de 1976. 

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