OPINIÓN

Vidal le apuntó a los consumidores pobres de marihuana, como hace la Policía de la Ciudad

La mirada de la ex gobernadora bonaerense es consistente con la lógica policial porteña, que persigue a los usuarios especialmente en los barrios populares.

Werner Pertot


No es la primera vez que lo dice. Pero su posición generó nuevamente una polémica. La precandidata a diputada porteña María Eugenia Vidal se pronunció nuevamente contra la legalización y regulación de la marihuana y dio un argumento clasista: "Hay dos realidades muy distintas: una cosa es fumarte un porro en Palermo un sábado a la noche con amigos, relajado, o con tu pareja, o solo, y otra cosa es vivir en la 21-24, en Zabaleta, en la 1-11-14, rodeado de narcos y que te ofrezcan un porro", dijo. "En los barrios vulnerables pega y destroza a las familias", se sumó Horacio Rodríguez Larreta. La visión de la ex gobernadora bonaerense se condice con el sesgo de clase en la persecución a los usuarios: el 75 por ciento de los casos se localiza en cuatro comunas, que habitan personas pobres o donde hay villas. Además, esta política se incrementó desde que la potestad de perseguir quedó en manos de la Ciudad, la cantidad de causas subió un 500 por ciento y en su gran mayoría (75 por ciento) son por tenencia. Más del 80 por ciento las inicia la Policía de la Ciudad de oficio, que sigue deteniendo perejiles. Y el 90 por ciento de esas causas después se desestiman. Pero sirven como mecanismo de control social.

Hace tiempo que Vidal marca esta división entre “los chicos pobres” y “nuestros hijos”. La había hecho en 2019 y motivó un video del comediante Guille Aquino, que volvió a cobrar actualidad por estos días. Con algunas diferencias: además de los dirigentes del oficialismo, Vidal tuvo fuego amigo por parte de una candidata que va en su propia lista, la historiadora Sabrina Ajmechet, quien dijo que está "a favor de legalizar la marihuana". "Y a favor de dar debates con seriedad y compromiso: legalicémosla y, al mismo tiempo, trabajemos en formas de contención para quienes puedan necesitarla. Celebro estar en una lista diversa y plural, eso también muestra nuestro liberalismo", indicó la historiadora, ubicada en la lista por la frenemy Patricia Bullrich. También se pronunció contra Vidal el primer candidato a legislador Emmanuel Ferrario.

El clasismo que señala Vidal se puede encontrar en las estadísticas, pero no tanto del consumo como de la persecución por parte de la Policía de la Ciudad, que es marcadamente mayor en los barrios pobres que en -para usar el ejemplo de Vidal- Palermo. En concreto, los datos de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) y del Ministerio Público Fiscal porteño indican que entre enero de 2019 y agosto de 2020 se abrieron 29.206 causas por tenencia para consumo. El 75 por ciento aproximadamente son por posesión y la gran mayoría por menos de 5 gramos (es decir, por un porro). El 38 por ciento de las causas fueron en la Comuna 1, donde está la Villa 31, el 16,5 por ciento en la comuna 4 (donde está la 21-24 mencionada por Vidal y la Zavaleta), el 14,8 por ciento en la comuna 8 (donde está la Villa 20) y cerca del 8 por ciento en Balvanera. En esos barrios –donde viven mayormente personas pobres- se concentra la mayoría del accionar policial y de las causas (casi un 75 por ciento). Es una radiografía muy clara de adonde lleva el pensamiento de Vidal.

El otro dato central es que más del 80 por ciento de esas causas las inicia de oficio la Policía de la Ciudad. En su informe titulado "La guerra contra los consumidores de droga debe terminar", el CELS advierte que desde que los delitos por tenencia de droga fueron transferidos al ámbito porteño -comandado por el PRO desde la jefatura de los fiscales, ahora a cargo de Juan Mahiques, y desde la Policía de la Ciudad- hubo un incremento exponencial de causas: pasaron de 4.777 causas en 2018 a 19.275 al año siguiente. Un aumento de más del 400 por ciento. Si se toman como parámetro las causas de 2020, trepa a más de un 500 por ciento. Todo esto, alerta el CELS, pese a que la Corte Suprema declaró en 2009 que la tenencia para consumo personal no era una conducta criminalizable. A 12 años de  ese fallo, el grueso de las causas son para los perejiles. Un porcentaje muy bajo es contra reales narcos.

Además, en su informe el CELS remarca que de esos casos que inicia la Policía de la Ciudad, más del 90 por ciento luego son desestimados por el Poder Judicial. La clara distribución de las causas (y de las detenciones) según los barrios de la ciudad muestra -según plantea el CELS- "que la policía las usa como parte del control y el hostigamiento a los más pobres. Es un claro sesgo de clase: por decisión policial y de la política de seguridad, el consumo de drogas es un delito casi únicamente en las zonas más pobres de la ciudad". Por lo tanto, estamos nuevamente ante una herramienta de control social que la precandidata justificó y reafirmó en sus declaraciones en contra de legalizar la marihuana, lo que reduciría notoriamente el negocio.

Me parecieron interesantes las opiniones de dos personas que conocen del tema. El periodista especializado en la materia Fernando Soriano escribió en una columna en Infobae: "Más allá de la generalización que la precandidata a diputada nacional hace sobre los habitantes de las villas, como si todos tuvieran la misma vida, idéntica forma de pensar e iguales oportunidades (o falta de éstas), y que haga lo mismo con los habitantes de Palermo (¿todos los palermitanos tienen una vida relajada?); más allá de que asocie el goce del consumo de una sustancia, cuyos atributos terapéuticos son ancestrales, a una clase social, no se entiende de qué modo su posición funciona como una argumentación válida para estar en contra de la regulación del uso del cannabis".

Esto es así: Vidal solo dio argumentos a favor de políticas estatales para asistir en los consumos problemáticos, pero nada dijo realmente sobre el negocio del narcotráfico y del efecto que podría tener la regulación estatal y la legalización del cannabis.

Por su parte, el presidente de la ONG RESET (Política de Drogas y Derechos Humanos), Mariano Fusero, me dijo algo que merece ser leído en toda su extensión:

"Opiniones como las de Vidal no sólo se reproducen desde la ignorancia, sino que claramente están dirigidas a captar la simpatía electoral de un sector de la población deseoso de ver representado su odio hacia la pobreza, migrantes, mujeres y cualquier otro grupo históricamente vulnerado. El ejercicio de los derechos humanos no puede ser clasificado por estratos sociales, dónde determinadas clases o grupos puedan gozar de los mismos mientras a los ‘otros’ se los condena a un estado salvaje de vulneración sistemática y violencia institucional.”
“Es una división absurda de castas de quienes anhelan aquellos privilegios de una sociedad pre-democrática, donde la calidad de ciudadanos estaba reservada a algunos que detentaban el beneplácito del poder religioso y feudal, mientras que a los negros, esclavos, extranjeros, indios, mujeres y cualquier ‘otro’ construido en el contexto hegemónico era relegado a la condición de simples existencias carentes de derechos y pasibles de toda explotación utilitaria por la casta dominante. Los derechos a la libertad, autodeterminación personal y soberanía sobre nuestros propios cuerpos, como el ejercicio de cualquier otro derecho humano, no resisten de divisiones clasistas aporofóbicas.”
“La prohibición del cannabis, como de tantas otras sustancias, estuvo íntimamente ligada a estrategias de control social, represión y encarcelamiento masivo de personas en situación de pobreza y exclusión social. No resulta raro, desde este punto de vista, que determinados discursos trasnochados -como el de ex gobernadora bonaerense devenida en candidata porteña- pretendan que una eventual reversión histórica de este proceso mediante la legalización sólo abarque a determinadas clases favorecidas en desmedro de las comunidades principalmente afectadas y apremiadas por la violencia prohibicionista. Son conscientes en mantener ciertas facultades de control social represivo hacia comunidades postergadas, el negocio narco bajo la administración de las mafias policiales y los aportantes truchos para sus campañas políticas.”


La Policía de la Ciudad deteniendo jóvenes en los barrios populares y la preocupación pública de Vidal por esos chicos son dos caras de la misma moneda.

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