OPINIÓN

¿Qué hacemos con nuestros hijos e hijas si reabren las escuelas?

La gestión PRO sigue con la reapertura total de clases presenciales, contra toda recomendación de familias, cooperadoras, gremios docentes, centros de estudiantes. La pregunta es qué vamos a hacer con esto.

Werner Pertot


La verdad es que no sé que voy a hacer. Si esta semana me comunican que mi hija tiene que volver a clases presenciales tengo que decidir: o no la mando –como están planteando muchas familias, que incluso están armando amparos ante el Poder Judicial- o le corto todo contacto con las y los abuelos. Lo mismo deben estar pensando muchas madres y padres y otras personas que requieren el sistema de cuidados y de educación estatal, que son los jardines maternales, el nivel inicial y, por otro lado, la primaria y la secundaria. ¿Ustedes qué van a hacer? ¿Ya lo tienen decidido? Solo puedo decirles que no sé. Me genera muchas dudas este regreso a clases presencial con un sistema que se parece demasiado a como era antes de la pandemia. Y más dudas me genera la certeza a prueba de balas que quiere mostrar la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, que no logra explicar cómo juntar a todos los estudiantes de un grado en una escuela con falencias de baños, limpieza y de ventilación es una buena idea en este momento, cuando la campaña de vacunación está apenas en sus inicios.

Lo que en un principio se deja leer como una estrategia de campaña de la derecha (polarizar con el regreso a las clases presenciales) ya pasa de ser una cuestión entre sectores políticos y gobiernos y tiene un impacto muy directo en nuestras vidas y nuestras decisiones (aun así, los trolls del PRO en Twitter te gritan cosas como “¡A ustedes no les importa la educación!”. Dicho desde un espacio que no hizo sino ajustarla. En fin). Si suben los contagios por la reapertura de las escuelas, por el traslado diario de más de un millón de personas, seguramente habrá una marcha atrás tarde o temprano. Pero para quienes se contagien por esto, ya será tarde.

A su vez, es evidente que algo hay que hacer para no repetir la experiencia de 2020, donde –pese al esfuerzo de los y las docentes por sostener la educación desde lo virtual- se notó la diferencia entre un sistema escolar funcionando a pleno y lo que ocurrió con la pandemia. Ni que hablar de lo que ocurrió a aquellas familias que no pudieron acceder a la conectividad. ¿Sería la solución proveer más computadoras, conexión a Internet y seguir en forma virtual? ¿Esperar unos meses más a que haya avanzado la campaña de vacunación sobre docentes y adultos mayores, para que el peligro sea menor? Son cuestiones que me pregunto. Insisto en que no tengo respuestas cerradas.

Tengo claro que el Gobierno porteño se negó todo 2020 en avanzar con una mayor conectividad para los que lo necesitaran. Intentó revocar fallos que lo obligaban a hacerlo. Y tuvo que intervenir el Gobierno nacional para entregar las computadoras. E incluso allí desde la Ciudad se negaron a entregar la lista de las personas que no tenían dispositivos para poder acceder a su derecho a la educación.

Observo el circo que fue esta semana y sólo me agarran más dudas. El juez Andrés Gallardo mandó un oficio preguntando cuál iba a ser el sistema de testeo. Era en una causa donde los auxiliares de portería presentaron un amparo. La respuesta del Gobierno porteño fue furibunda: recusaron al juez, usando fake news como argumentos (los medios amigos publicaron que Gallardo ya tenía resuelto suspender las clases), pidieron que se suspendiera una audiencia donde debían dar explicaciones, y entregaron a la prensa un documento donde no aclaran demasiado. Dicen que testearán a todos los trabajadores de la educación –más de 56 mil personas- una vez cada 15 días. ¿A ustedes eso los deja tranquilos o tranquilas? La verdad que a mí, no.

El protocolo que prepararon deja buena parte de las cosas libradas a las escuelas. Por ejemplo, recomienda utilizar “detergente de óptima calidad”. ¿Lo van a mandar desde el Gobierno porteño o cada escuela se las tienen que arreglar para conseguirlo?

Esa misma semana un colectivo de madres, padres, cooperadoras, gremios docentes, centros de estudiantes y otros integrantes de la comunidad educativa le planteó a Acuña que postergue el inicio de clases y se dedique a hacer obras para volver seguras las escuelas (de paso, esto permitiría que avance un poco más la vacunación). La respuesta del Gobierno porteño a esto también fue terminante: la fecha no se modifica. También dijeron que les descontarán el día a los docentes que se rehúsen a volver sin condiciones de seguridad.

En este escenario, sin precisiones sobre la vacunación porque ni siquiera habilitaron la preinscripción, es en el que nos vamos a tener que mover todos y todas. En la escuela de mi hija, por ejemplo, ya avisaron que no saben qué van a hacer y que no van a decir nada hasta el viernes previo al inicio de clases. Me imagino que no soy el único que está con dudas. Hasta ahora, más allá de las chicanas a los jueces y las críticas a los gremios docentes, el Gobierno porteño no hizo mucho por aclarárnoslas.

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