OPINION

Erradicar el machismo educativo

“Este es mi ídolo”. El ritual de la primera clase se repetía anualmente. “Este es mi ídolo”, decía Fernando Curci, mientras extraía de su bolso un recorte de diario que contaba la noticia: Odontólogo asesinó a su esposa, su hija y su suegra. “Mi ídolo es Barreda, y me imagino que el de muchos de los que están aquí presentes.”

Matias Segreti
“Este es mi ídolo”. El ritual de la primera clase se repetía anualmente.  “Este es mi ídolo”, decía Fernando Curci, mientras extraía de su bolso un recorte de diario que contaba la noticia: Odontólogo asesinó a su esposa, su hija y su suegra. “Mi ídolo es Barreda, y me imagino que el de muchos de los que están aquí presentes.”

Los “aquí presentes” eran estudiantes del Profesorado de Educación Física N° 2 (Federico Dickens), uno de los dos institutos públicos que tiene la Ciudad de Buenos Aires en educación física; y Fernando Curci es profesor de la casa y actual rector del Instituto.

La “anécdota” es relatada por un grupo de graduados y es una de muchas denuncias que de manera silenciosa fueron trascendiendo de la casa de estudios.

A principio de este año el Centro de Estudiantes del Dickens desarrolló una campaña de visibilización de la cultura machista en la formación docente. La campaña sostenía que “como futuros docentes, es nuestra obligación y deber moral dejar de fomentar el machismo, dejar de perpetuar esta cultura que denigra a las mujeres”.

Algunas de las frases que expusieron fueron esgrimidas por profesores de este instituto de formación docente: “quédense que todavía hay mercadería – comentario de docente a los varones quedando chicas en el aula”; “vos tendrías que haber sido hombre – docente a una chica por saber jugar al fútbol”; “no es lo mismo que vengas vos con escote que tu compañero – docente a una estudiante”. Las frases continúan y se reproducen sobre la lógica de la construcción de poder en el seno de una institución educativa, basada en la denigración de las mujeres.

En el día de ayer se viralizó una frase del actual rector  y candidato a ser reelecto en su cargo. Desde las redes sociales, este profesor que tiene la responsabilidad de conducir la formación docente de cientos de estudiantes de educación física dijo a propósito del debate de la introducción del deporte mixto en los nuevos planes de estudio: “apoyo los deportes mixtos. Empecemos con el boxeo, siempre y cuando la primer pelea del Dickens sea entre alguna de las que lo pidió ayer (alumnas) y yo”.

Desde el Centro de Estudiantes repudiaron esta declaración y denunciaron que durante todo el año, el rector se opuso y restringió cualquier iniciativa que tuviesen las estudiantes vinculadas a promover una perspectiva de género en las intervenciones educativas.

En diálogo con una graduada y actual docente de la institución, nos enteramos que esta lógica machista rige en el profesorado desde hace muchos años, y que a partir de la lucha del movimiento feminista y organización de las mujeres, la visibilización de las actitudes y de las expresiones explícitas que vulneran a las mujeres de este instituto fueron mermando, pero que aún se manifiestan en conductas que permanecen legitimadas por la conducción del rectorado.

La formación docente tiene una tarea pendiente con los debates actuales en torno a la cultura machista, y particularmente el deporte y la educación física, una discusión profunda y sincera sobre la construcción de poder basada en los atributos físicos impuestos por la heteronormatividad y el patriarcado.

El último tiempo nos da la enorme satisfacción de asistir a denuncias públicas de personajes del mundo del espectáculo, del deporte y de la música. Muchas mujeres víctimas han encontrado con coraje, la posibilidad de denunciar públicamente sus padecimientos, acosos y vulneración de derechos por parte de hombres criados por esta sociedad y esta cultura. Pero al mismo tiempo, las cifras de femicidios permanecen alarmantes y el papel del estado en materia de promoción de derechos y defensa de las mujeres ha profundizado un modelo de ineficiencia.

Sin duda, la violencia machista no solo es legitimada por la conducción del rectorado de esta institución, sino que es promovida como forma de construcción de poder. Estas son conductas que perpetúan la desigualdad de género y en la medida que se profundizan cuestan la vida de miles de mujeres. Estas conductas son las que tenemos que erradicar del sistema educativo  para construir una sociedad más digna.

Las instituciones educativas deben cumplir con ciertas pautas, que tiendan a garantizar un presente digno y un futuro promisorio en materia de derechos. La ley de Educación Sexual Integral establece que en la formación docente se deben desarrollar los contenidos y la reflexión obligatoria para que se integre una perspectiva de género a las intervenciones educativas. A esta altura resulta una obviedad, pero no por eso hay que omitir, que la educación sexual integral hace a la escuela y a la sociedad más justa. Como señalan desde el Frente Popular por la ESI, que está integrado por decenas de organizaciones sociales y gremiales: “A la cultura machista la enfrentamos con educación con perspectiva de género”.

El ciclo de la misoginia y el machismo en las instituciones educativas tiene que terminar. Detener “el orden” que desprecia a las mujeres y desjerarquiza a la educación pública es una tarea de todas y todos.
 

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