OPINION

Del Santiago ninja al gendarme Chuck Norris

Termina otra semana trepidante en la que no tuvimos noticias de la lluvia de inversiones pero tampoco de la Pobreza Cero; es decir, una de cal y otra de arena. Además, según nos informaron algunos economistas serios, ya se percibe una cierta recuperación. Es una noticia alentadora, si seguimos así en apenas unos años más lograremos compensar las pérdidas del 2016.

Sebastián Fernández
Como escribimos la semana pasada en este misma columna, luego de la multitudinaria marcha del viernes 1 de septiembre, convocada por la familia de Santiago Maldonado al cumplirse un mes de su desaparición, el gobierno inició un abrupto cambio de versión sobre el caso.
 
Hoy, tanto los funcionarios como nuestros periodistas serios (dos grupos que cuesta cada vez más diferenciar), quienes desde el primer día nos alertaron sobre la hasta ese momento desconocida guerrilla kurdo-mapuche financiada por las FARC y el Reino Unido, analizan la posibilidad de que sea efectivamente la gendarmería la responsable de la desaparición de Santiago Maldonado, aunque no como institución sino a través de un gendarme suelto. La siempre oportuna manzana podrida.
 
El coordinador de políticas públicas de la Jefatura de Gabinete, Hernán Iglesias Illa, afirmó que "lo que más probablemente haya pasado o, lo peor que podría haber pasado, es que algún Gendarme suelto le haya, no sé, pegado a Santiago Maldonado, sin saber que lo estaba hiriendo gravemente" . Es el conocido paradigma del agente de seguridad “cabecita de novia”, que hiere gravemente sin darse cuenta. Se estudia en la Anthony Hopkins University.
 
Jorge Lanata, por su parte, luego alertar que los porteños estaban cercados “hay una guerrilla indígena en el Sur y esta semana llegó a la Capital”  hizo un giro en el aire digno de Paloma Herrera- aunque sin tutú- y reconoció la posibilidad de la participación de la gendarmería pero, siguiendo la versión oficial, como un caso aislado.
Lo asombroso es que nadie, ni nuestros funcionarios ni los aguerridos periodistas de investigación, haya hecho hincapié en un detalle elemental: si la muerte de Maldonado puede ser el resultado de una acción individual, su encubrimiento posterior es necesariamente colectivo.
 
Pasamos así del Santiago ninja descripto por los medios “el artesano desaparecido era un diestro ejecutor de Kenpo Karate, un arte marcial de origen chino que enseña ataque con bastón, cuchillos y arma de fuego”  al gendarme Chuck Norris, un lobo solitario que logró engañar a sus colegas, a sus superiores jerárquicos, a los servicios, a la ministra de Gendarmería Patricia Bullrich e incluso a nuestros medios serios, escondiendo el cuerpo de Maldonado después de haberlo matado en medio de un operativo llevado a cabo por dos escuadrones de gendarmes. Un ejemplo irrefutable de responsabilidad individual. Como en el caso de la curación por las gemas, es sólo cuestión de fe.
 
María Julia Oliván, que pasó de sommelier de reporteros a vocera del Ministerio de Seguridad, explicó que pasar a disponibilidad a los gendarmes implicados en el operativo hubiera significado “descabezar a la gendarmería”. Mariano Obarrio, un periodista serio pero con alma de niño, eligió por su lado alabar a Patoruzú. Ninguno de sus colegas tuvo el valor de explicarle que se trata de un personaje de ficción.
 
La última versión que nos llega a través de los mismos medios que denunciaron los escalofriantes arsenales mapuche-iraníes, generosos en serruchos oxidados y rollos de alambre, es que en realidad no se trataría de un gendarme solitario sino de varios, tal vez siete. Así, dejamos atrás al Santiago Maldonado Kwai Chang Kane que cruzó la cordillera gravemente herido por un puestero oportuno, los múltiples Santiagos de Gualeguaychú y el gendarme Chuck Norris, para descubrir a Los Siete Magníficos , un grupo de tareas con el poder de engañar al Estado y a la prensa durante más de un mes.
 
No descartamos que, además, sean kirchneristas.
 
Todo lo que quieran pero ya no le tenemos miedo al censista.

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