OPINIÓN

La mala educación

La educación presenta dos caídas: la primera se podría resumir en menos alumnos, alta desigualdad, poca inversión. La segunda es una caída que no se observa en números, sino que se puede contar en techos derrumbados, problemas edilicios, días perdidos de clase por falta de luz o de agua.

Matias Barroetaveña

Mucho se ha escrito estos días sobre educación. Ha sido un tema central de las últimas semanas. El conflicto sindical, la Marcha Federal Educativa y la presentación de las pruebas Aprender han sido fuentes de múltiples discusiones. Declaraciones poco felices de ministros nacionales y provinciales, y del propio presidente Macri (particularmente, vincular a la educación pública con una caída) no han hecho más que profundizar el conflicto.

Desde el gobierno nacional se ha invocado en reiteradas ocasiones la necesidad de aumentar la inversión educativa, de apostar por la gestión pública y de disminuir los niveles de desigualdad. Acordamos con estas ideas, sin embargo, a la vista de lo realizado en la Ciudad de Buenos Aires nos cuesta tomarlas seriamente en consideración.  

En este marco y partiendo de esta desconfianza, quisiéramos realizar un breve análisis de dos caídas. La primera de ellas se podría resumir en: menos alumnos, alta desigualdad, poca inversión.

Analicemos primero la matrícula en CABA. En la educación común (inicial, primario, secundario y superior no universitario) de gestión pública, si comparamos datos 2008 y 2015, se observa un aumento de la matrícula de 22.795 alumnos. Sin embargo, si analizamos primario y secundario se observa una caída de alrededor de 2.000 alumnos. El sector de gestión privado, en cambio, tuvo en 2015, 7.000 chicos más en la primaria y 16.000 en la secundaria que en 2008. Es decir, aún contando con un presupuesto muy importante, el GCBA no ha logrado frenar el éxodo de alumnos.

A esa tendencia se le debe sumar un nivel de desigualdad altísimo tanto al interior de la gestión estatal, como en comparación con la privada. En 2015, el porcentaje de alumnos repetidores en el nivel primario fue de 2,2 en el sector de gestión estatal y de 0,3 en el privado; alcanzando índices más altos en las comunas 8 (3,1%), 1 (2,6%) y 4 (2,6%). En la secundaria esa brecha se amplía. El porcentaje de repetidores en el sector de gestión estatal es de 13,7 mientras que en el sector privado es de 3,2. En lo que respecta a la problemática de la sobre edad también se observan altos niveles de desigualdad. En 2015, en el nivel secundario fue de 44,5% en público y de 13,8% en privado; superando el 53% en el sector de gestión pública en la comuna 8.

 En 2008 había 455 primarias y 147 secundarias. Siete años después, en 2015, había 5 unidades educativas primarias más y diez secundarias más. Muy poco, ¿no? No parece mostrar una apuesta por la educación pública de calidad.



Esta situación va de la mano con un nivel de inversión muy bajo, tema del cual se ha escrito mucho. Veamos sólo un dato: las unidades educativas de gestión pública. En 2008 había 455 primarias y 147 secundarias. Siete años después, en 2015, había 5 unidades educativas primarias más y diez secundarias más. Muy poco, ¿no? No parece mostrar una apuesta por la educación pública de calidad.

Esto nos lleva a la segunda caída. Una caída que no se observa en números, sino que se puede contar en techos derrumbados, problemas edilicios, días perdidos de clase por falta de luz o de agua. Sin ir más lejos, hace unos días murió un operario en una escuela de Caballito al caerse el techo del gimnasio. La falta de inversión y de control que hay en el Ciudad habla del desdén con el que el gobierno gestiona la educación pública. Falta de inversión porque cada año el presupuesto en infraestructura se achica en términos relativos y además se subejecuta. Y falta de control porque poco se hace por saber cuánto de lo que está presupuestado por las empresas se termina realizando. O alguno cree que el GCBA controla a SES S.A., empresa que tiene varios contratos millonarios de mantenimiento de escuelas y de la cual es dueño Nicolás Caputo, consejero y mejor amigo del presidente Macri.

La educación pública debe ser la prioridad número uno para el GCBA. Apostando por ella se apuesta por la equidad social, el trabajo decente, el desarrollo inclusivo y por la construcción de una ciudad más segura e integrada. 

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