OPINIÓN

De la deuda familiar a la embestida necesaria

Siguiendo uno de los más nobles mandatos bíblicos, el Presidente le mejoró la vida a su propia familia. En efecto, el Estado aceptó una oferta para cancelar la deuda del Correo, concesionado en 1997 al grupo Macri y nacionalizado en 2003 por incumplimientos de dicho grupo.

Sebastián Fernández

Termina otra semana trepidante en la que no tuvimos noticias de la lluvia de inversiones pero tampoco de la Pobreza Cero; es decir, una de cal y otra de arena. Además, si bien el candidato Mauricio Macri nos prometió que podíamos vivir mejor, el presidente homónimo se dio cuenta que en realidad vivíamos demasiado bien. Son cosas que pasan.

Aunque sería injusto afirmar que nuestro presidente no le mejora la vida a nadie. Sin ir más lejos, siguiendo uno de los más nobles mandatos bíblicos, le mejoró la vida a su propia familia. En efecto, el Estado aceptó una oferta para cancelar la deuda del Correo, concesionado en 1997 al grupo Macri y nacionalizado en 2003 por incumplimientos de dicho grupo. Según los cálculos de la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI) de la Procuración General de la Nación, la oferta aceptada implicó una quita de 70.163 millones de pesos, es decir un 98,82 por ciento sobre el total de la deuda. Al estar la misma familia de los dos lados del mostrador, nadie consideró necesario exigir como contrapartida a la aceptación de la oferta que el ex concesionario desistiera de demandar al Estado, cosa que hizo mientras recibía la buena noticia de la condonación de su deuda. Eso prueba que el Estado puede ser generoso sin dejar de ser bobo.

Oscar Aguad, ministro de Comunicaciones y humorista cordobés, justificó el acuerdo afirmando que: no hay deuda, no es tanta, es un tema complicado, es culpa de CFK y, además, Franco Macri es un deudor sin recursos económicos”. La figura del millonario indigente nos llenó de asombro pero menos que la afirmación del ministro de “no haber hablado nunca con el presidente sobre el tema de la deuda del Correo”. En las reuniones de gabinete deben conversar sobre el conejo de Olivos.

Algunos periodistas serios y funcionarios oficialistas- la diferencia entre ambos es cada vez más sutil- que suelen denunciar el robo por parte de CFK de un PBI o incluso dos, pusieron en duda la precisión del cálculo de la deuda condonada. Otros, con una mesura poco frecuente, prefirieron no opinar por no estar al tanto del tema. El propio Jorge Macri, intendente de Vicente López y primo presidencial, contestó ante las preguntas de un periodista: “te digo la verdad, no conozco el caso”.

G
abriela Michetti fue un poco más allá y afirmó que tampoco el presidente “estaba al tanto del acuerdo”. No deberíamos descartar que Macri ignorara incluso que su padre es empresario, que ganó la concesión del Correo o que SOCMA es el acrónimo de Sociedades Macri.

En todo caso, revolear bolsos con 70.000 millones de pesos le hubiera partido la espalda al pobre Franco. Su hijo presidente pensó en todo.

Así como CFK “embestía contra la Justicia” hoy supimos, gracias al ineludible Mariano Obarrio, que Mauricio Macri “avanza con un plan de renovación judicial”. Ya no se trata de perseguir jueces díscolos y reemplazarlos por jueces amigos sino, como bien señala el periodista serio, de “diseñar un cronograma para depurar el Poder Judicial y destituir a media docena de jueces sospechosos de corrupción o de mal desempeño. De esta manera, busca dar señales de transparencia y cambio institucional, una de las promesas de campaña de Cambiemos.” Con entusiasmo, La Nación explica que “Macri sabe que sin jueces justos y eficientes, no va a poder avanzar en sus cambios, por eso planea importantes cambios y nombrar hasta 70 jueces cuyos cargos están vacantes” y le pregunta con total objetividad a sus lectores: “¿Qué te parece esta iniciativa?”.

Ocurre que, antes, lo polémico era que el gobierno avanzara sobre los jueces; en cambio hoy lo único polémico es la actitud de algunos jueces y el gobierno debe avanzar sobre ellos. “Publicar en los medios el fixture de los jueces que el gobierno quiere remover, técnicamente no es delito” podría afirmar Laurita Alonso, la evanescente titular de la Oficina Anticorrupción.

Distraído, Ricardo Gil Lavedra estuvo a punto de denunciar “la crisis institucional grave y el embate contra la Justicia” pero por suerte lo despabilaron a tiempo.

Luego de haber convertido al Teatro Colón en uno de los mejores salones de fiestas de Buenos Aires, Darío Lopérfido fue designado como “embajador cultural” en Berlín, una ciudad en la que, según sus propios dichos, “tiene muchos amigos”. Le deseamos suerte en este nuevo y vaporoso desafío pero le aconsejamos no poner en duda la cifra de 6 millones de judíos asesinados por el régimen nazi, podría generarle problemas con la Justicia.

Por último, el incansable Toty Flores, Tío Tom de la Coalición Cívica, explicó que "todo lo que se decía que Macri iba a hacer contra los pobres, no se percibió, quienes perdieron más son los sectores de clase media y los asalariados.”. Una noticia alentadora.

Todo lo que quieran pero ya no le tenemos miedo al censista.

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