COMUNA 11

El Espacio TBK está en Villa Mitre hace 12 años

El actor Héctor Segura es el responsable de la sala Espacio TBK/Teatro Buster Keaton que abrió en 2004 en Trelles 2033 timbre 1. Nueva Ciudad estuvo charlando con él sobre la historia del espacio cultural y de los proyectos para este año que comienza.


¿Cómo y cuándo se te ocurrió abrir el Espacio TBK?

Por muchos años tuve la compañía de teatro Buster Keaton, no teníamos una sede para ensayar y nos reuníamos en distintas casas. En un momento la casa de mi papá donde yo nací, en Batalla del Pari y Cucha Cucha, que era la típica casa chorizo tenía un patio muy grande y lo usamos por dos años para ensayar. Hasta que decidí mudarme y comprar una casa por la zona, era el momento del 1 a 1.
Yo hacía circo en la escuela de los hermanos Videla, necesitaba un lugar para poder hacer circo, trapecio, trampolín, entonces buscaba galpones y me encontraba con cada cosa! Hasta que encontré este lugar, y pasó a ser mi casa y el bunker de la compañía. Ensayábamos y armábamos los espectáculos acá, pero de a poquito esto se fue achicando porque guardábamos todas las escenografías y mi living quedó a la mitad.
En 2004 hicimos la obra “La pérdida de los nombres” del austríaco Peter Handke que no tenía texto hablado, una joya, en La Tertulia (Gallo 826). Estuvimos dos meses en los que nos fue muy bien pero después no podíamos seguir en esa sala porque había otro espectáculo programado, entonces propongo a la compañía hacer la obra en mi casa. Lo que parecía una locura al principio se convirtió en realidad y en dos meses acondicioné el living y lo convertí en una sala de teatro. Continuamos la temporada de la obra acá y nos fue bárbaro, estuvimos cuatro meses más y vino toda la prensa y eso que estábamos en el off del off.
Así nació TBK, la fecha fundacional fue el 11 de septiembre de 2004. A fin de año ocurre la tragedia de Cromañon, esto hizo que los inspectores de habilitaciones salieran a cortar cabezas, entonces tuve que empezar a hacer los trámites para habilitar la sala.
 
¿Y vos seguías viviendo acá?

Sí, claro, al principio la sala ocupaba el 10% de la casa hasta que poco a poco fue ganando terreno y me di cuenta que tenía que cambiar algo porque ya no podía seguir así. Mi hermano, que es arquitecto, hizo el diseño para construir mi casa arriba del teatro y empezamos con la obra en 2008, tardé casi seis años hasta que quedó terminada y me pude mudar hace un año.
 
¿Qué espectáculos se presentaron en TBK?

Después de “La pérdida de los nombres”, empecé a producir y se me ocurrió convocar a personas afines a mí por amistad o por lo artístico, para que hagan una obra de teatro cada uno que tenga que ver con el espacio. El resultado fue que Andrés Binetti, Alejandro Mateo y Fernando Berreta montaron sus obras. Fue el primer ciclo de teatro que hicimos, se llamó “Triciclo”, porque justo la sala cumplía 3 años, eran 3 obras de 3 directores. Nos fue espectacular.
Después de ese ciclo que duró 15 días, una de las obras “Un judío polaco” en la que yo actuaba, hizo temporada acá los lunes. Era un día raro porque, en esa época, no había funciones en otros teatros esto nos ayudó a que venga la prensa porque los críticos no tenían nada para ver. También estuvimos en “Teatro por la Identidad”, en la AMIA y acá la presentamos durante un año. Fue un éxito! Trabajamos a sala llena todas las funciones.
En 2009 hicimos otro ciclo que se llamó “Ciclo Incierto” y quedó con ese nombre por los tres años siguientes y ahora lo vamos a repetir en 2017. También hubo ciclos de música y danza.
 
¿Cómo fue el tema de administrar tu sala propia?

En esa época no había muchos espacios culturales de estas características, estaban El Kafka, El Portón de Sánchez, La Tertulia, pero tenían otra estructura. Para mí fue todo un aprendizaje esto de manejar una sala teatral, de tramitar los subsidios y por momentos me sentía muy solo. Por suerte conocí a la gente de Escena, donde se reunían distintas salas con características afines a la mía. Era gente de otra generación que sufría como yo.
Luego me asocié a Luz Santomauro y después se sumó Carolina Díaz que trajo a su pareja Tomás, pero nos seguía faltando una pata y se incorporó Casandra que había trabajado mucho tiempo en Pan y Arte. Formé el equipo para poder armar proyectos. Estamos como en un idilio amoroso que creo que en 2017 va a hacer explosión.
 
¿Cómo ves a la cultura en este momento?

Va a ser un año complicado porque se avecina una mala para el país y culturalmente va a ser peor. Pero siempre pasó que después de las debacles, todo lo que tiene que ver con la cultura y el arte tiene un resurgimiento muy notorio. Quizás sea por el enemigo en común que moviliza más. Por lo menos a TBK nos agarra en una buena época.
 
¿Tienen problemas con los vecinos?        
                                    

Sí, porque acá hay dos departamentos más. Tuvimos algunos problemas como que la puerta haya quedado mal cerrada, alguna marca en la pared hecha por una bicicleta, problemas mínimos, con el vecino del fondo. Con el de adelante es un poco más grave la situación porque recibe los sonidos y en la sala, a veces cuando estamos en función, se escuchan los ruidos de la casa. Para resolver esto vamos a insonorizar, por suerte el Instituto Nacional del Teatro nos otorgó un subsidio para equipamiento y vamos a usarlo para eso, sale como $ 50.000.
Hace unos meses, en la puerta pusimos un bicicletero para que los espectadores dejen las bicicletas afuera y no las entren al PH y una cartelera con la programación de la sala para ser más visibles en el barrio.
 
Hicieron el ciclo de cenas Mezé, ¿de qué se trataba?

Yo soy de familia sefaradí y me gusta cocinar, entonces se me ocurrió armar, en los días que la sala estaba libre, el ciclo de cenas Mezé con comidas de Medio Oriente e India y vinos orgánicos, además proyectábamos filmaciones acompañados de música. Empecé a probar y nos fue muy bien, teníamos 25 comensales por cena, pero la gastronomía es muy esclava y nunca quise convertirme en gastronómico, fue un ciclo.
Para este año tenemos el proyecto de organizar proyecciones de películas y acompañarlas de una cena con la comida típica de la nacionalidad del director.
 
¿Cuál va a ser la programación para este año?

Arrancamos con el concurso de dramaturgia el año pasado, recibimos mucho material. Vamos a elegir entre 5 y 8 obras. El jurado va a estar compuesto por Camila Fabri, una dramaturga muy joven que presentó su primer obra acá; Walter Rosenzwit, que es docente teatral; Sol Rodríguez Seoane, también dramaturga y Lisandro Outeda.
Además estamos con una convocatoria para un ciclo de clown y queremos hacer algo musical también. En las vacaciones de invierno va a haber un ciclo para chicos.
En marzo vamos a arrancar con una temporada de la obra “Guía semanal de ideas” que es de una gente de Gualeguay, Entre Ríos.
En 2017 vamos a estar a pleno!

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